El crimen de Tame

Noviembre 11, 2010 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

En el municipio de Tame, Arauca, fueron asesinados brutalmente Jenny Torres de 13 años y sus dos hermanos, Jimmy y Jefferson, de 13 y 6, respectivamente. La niña fue violada antes de recibir en su cuello la cuchillada mortal, y sus dos hermanos también murieron para borrar sus testimonios. Esto que al parecer es un caso más de la barbarie que vive Colombia desde hace más de medio siglo, para mí representa una atrocidad que nos hace regresar a la época de las cavernas, y eso que creo que el asunto trasciende ese período.Pienso que los colombianos tenemos que hacernos unas preguntas frente al drama que vive José Álvaro Torres, el padre de las tres víctimas: ¿Es la nuestra una sociedad sana? ¿A cuál parte de esa sociedad pertenece el hombre, militar o civil, que es capaz de bajarse los pantalones y sin importarle los gritos de terror de un niña procede a poseerla violentamente frente a la mirada atónita de sus impúberes hermanos?Algo debe haber para que aquí, en el país del Sagrado Corazón, surjan especímenes de esa naturaleza porque cuando no hay la capacidad de conmoverse, desaparece el alma. ¿Habrá algo más triste que el llanto de un niño al que se le rompe el triciclo? Y si ese llanto es triste, qué tal una niña suplicando, ya no que no la violen, pues seguramente nada sabe de sexo, sino que no la maten con machete.Juzgo que es hora de que todos nos detengamos a pensar en la cuota parte de responsabilidad que nos cabe por haber dejado prosperar el crimen a esas cotas de crueldad. ¿Falta educación? ¿Los padres no cuidan de la salud emocional de sus hijos? Son preguntas que sólo los profesionales, como mi admirada Gloria Hurtado, pueden responder.Como simple ciudadano estimo que aquí hace falta una movilización general que obligue a las autoridades a replantear el problema de la convivencia. Supongo que el violador homicida de la niña Torres, si como se ha dicho pertenece al Ejército, debe de tener algún grado de educación. Debió cursar el bachillerato y tuvo que recibir instrucción en la Escuela Militar para recibir el grado de subteniente. De allí que los psiquiatras que lo examinen deben dictaminar qué clase de personalidad patológica se observa en ese sujeto, y si los 60 años a que puede ser condenado son suficientes para purgar un crimen tan execrable como el cometido en Tame.Porque eso que le sucedió a Jenny Torres con su vagina desgarrada y su cuello abierto con arma blanca puede ocurrirle a otras niñas en cualquier parte del país. No puede aceptarse que el violador homicida es ave exótica en la criminalidad criolla.Mis ideas liberales hacen que repudie la pena de muerte -en su hora defendida en el Senado por mi pariente Antonio José Restrepo en duelo oratorio con Guillermo Valencia, en el que triunfó éste último -, aun para un caso tan atroz como el que nos ocupa. Pero, ¿habrá alguien que me convenza de que los 60 años de prisión que seguramente se le impondrán al desalmado delincuente servirán de escarmiento para tantos violadores que andan sueltos por nuestra geografía? No lo creo.Por eso, más que cárcel se necesita un reajuste social que parta del supuesto de que aquí hay una sociedad enferma que requiere entrar en cuidados intensivos. Porque el criminal de Tame es tan colombiano como usted y como yo.Me inclino, avergonzado, ante las tumbas de estos niños, también colombianos, como usted y como yo.

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