El ciudadano Uribe

El ciudadano Uribe

Febrero 24, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

No hay en nuestra historia una persona con mayor apego al poder que Álvaro Uribe Vélez, que gobernó el país a su antojo por ocho años, que se hubiesen convertido en otros tantos si la Corte Constitucional en fallo que la honra no sentenciara que aquí no puede darse segunda reelección.Colombia entera conoce, aunque los uribistas se hagan los desentendidos, que la reelección conseguida en 2004 se dio porque se obtuvieron votos en el Congreso de manera fraudulenta, mediante descomunal cohecho, que tiene a dos ex representantes a la Cámara presos por haber intervenido en la comisión del hecho punible. Yidis Medina y Teodolindo Avendaño no están en la cárcel por haberse robado un pandeyuca. Purgan largas condenas porque con su conducta, la una votando y el otro escapándose, permitieron que la perversa hazaña se consumara. El beneficiario exclusivo de esa hazaña es el ciudadano Álvaro Uribe. Para la reelección de 2010 también hubo incursión por las páginas del Código Penal, como se está viendo ahora con la investigación de la financiación y de la recolección de firmas que tiene en calzas prietas a los promotores, entre ellos Luis Guillermo Giraldo, bien conocido en los anales del departamento de Caldas.Cancelada el ansia reeleccionista de Uribe se abrió la posibilidad de que persona distinta llegara a la Casa de Nariño, y es así como el arribo al máximo despacho de Juan Manuel Santos devolvió la tranquilidad y el sosiego después de tantos años de confrontación amarga con las altas cortes y con la oposición, víctimas de los seguimientos y ‘chuzadas’ a que fueron sometidas por los esbirros del régimen.Llegó el 7 de agosto de 2010, y Uribe se quedó sin oficio. Lo llamaron de algunas universidades extranjeras para dictar cátedra sobre la corrupción -vaya, vaya- pero no se sintió a gusto y regresó al país a ver cómo le ponía palos en la rueda al presidente Santos, que con gran personalidad organizó un gobierno diametralmente opuesto al anterior lo que, obviamente, colmó la copa de la paciencia del rijoso ex presidente.¿Qué hacer, entonces? Política, dijo para sus adentros ¿Y, cómo? Reviviendo los consejos comunitarios que ahora se llamarían talleres democráticos, que de democráticos no tienen nada pero si mucho de talleres para reparar la desvencijada maquinaria uribista.El primero de esos talleres tuvo lugar en Bogotá en un salón de secta cristiana dirigida por Carlina Rodríguez que fue embajadora suya en Brasil. Allí convino con su hueste que intervendrá en la elección de octubre para ganar un buen número de alcaldes, gobernadores, concejales y diputados. Está en su derecho pues es un ciudadano como cualquier otro.Lo que sucede es que ya no tiene las de ganar. Ya no tiene a su servicio obsecuentes ministros desprovistos de autoridad, concentrada en el jefe supremo. Ya no tiene el Presupuesto Nacional para repartir dineros en esos consejos. Ya no tiene el avión presidencial para los desplazamientos a provincia. Ya no tiene la televisión estatal para pasarlo los sábados doce horas seguidas. Ya no tiene a sus subalternos del DAS y de la Uiaf metiéndose en las vidas privadas de sus adversarios para desprestigiarlos. Ya no tiene…Por eso no me preocupa que Uribe ande como un poseso buscando el poder perdido a través de sus alfiles. No lo va a lograr pues muchos de sus conmilitones están en la cárcel y otros en el exilio. Le pasó el cuarto de hora, y hoy es simplemente el ciudadano Uribe.

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