El Aristi

El Aristi

Junio 09, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Niño aún, oía hablar a mis mayores de don Adolfo Aristizábal, un antioqueño que se había convertido, a fuerza de trabajo, en uno de los grandes empresarios de Cali y de Colombia. Jamás le conocí personalmente, pero sus fotografías aparecían en Relator, el diario liberal que llegaba todos los días a mi casa de Tuluá. Era un caballero con los rasgos inconfundibles de la gente de Antioquia.Tenía humor. Un buen amigo suyo contaba que un día le acompañó a alguna diligencia y cuando una linda chica le preguntó la edad -tenía 60-, le respondió que 80. Su acompañante inquirió la razón de la mentira y don Adolfo respondió: si le digo la que tengo pensará que soy un vejestorio. Si le digo la falsa, creerá que soy un hombre muy bien conservado, y a algún puerto llego.Incursionó en múltiples negocios, todos prósperos, entre ellos la exportación de café cuando el grano era el único producto criollo que llegaba a los mercados de ultramar. También distribuía vehículos automotores. Con esa visión paisa para los negocios, y contra la opinión de sus amigos -en esa época no había asesores financieros-, adquirió la zona urbana comprendida entre las calles 8 y 11 y las carreras 9 y 10, barrio Santa Rosa, y al poco tiempo Cali contó con un cine muy bueno -Colón- y un hotel excelente -Columbus-, y en vista del éxito construyó otro imponente teatro que bautizó Aristi, del más precioso estilo art déco, con hotel del mismo nombre.Yo, que me precio de conocer tantas salas de cine del mundo, confieso que pocas pueden compararse con el esplendor, la magnificencia, la comodidad del Teatro Aristi, con sus sillas y su telón en terciopelo rojo, con iluminación deslumbrante, y unos espacios amplísimos, en donde hasta los servicios sanitarios tenían sala de descanso con fino mobiliario. Un Radio City caleño.Siempre disentí de mi amigo y contestatario Gerardo Bedoya (qepd) sobre la película con la que se inauguró el teatro. Bedoya sostenía que ‘Locura de amor’, la cinta española con Aurora Bautista y Fernando Rey, y yo alegaba que ‘Las zapatillas rojas’, pues la hispana era del 48 y el Aristi abrió puertas en el 50, año en llegó la que yo decía. Ahora, en una perfecta página de El Tiempo, Carolina Bohórquez me da la razón pues fue el 3 de febrero de 1950 cuando se alzó el telón del Aristi por vez primera.Y el hotel era bellísimo. Su imponente recepción, sus cómodas habitaciones la piscina en la terraza, su bar a media luz, y el ‘grill’ en donde “la más remisa y austera sociedad” bailaba el bolero, el mambo y el chachachá, las danzas de moda, que hacían creer que salían de una película musical de Hollywood.La inseguridad deterioró grandemente los centros urbanos de toda Colombia y por eso las salas de cine fueron declinando porque al público le daba temor salir a la calle por la noche para aventurarse hasta sus domicilios o al parqueadero, y por eso cayeron en el olvido y apagaron sus marquesinas. El Aristi sobrevivió hasta 2009 cuando cerró sus puertas.Ahora se arma gran lío porque unos inversionistas compraron la manzana en donde estuvieron los teatros y los hoteles de don Adolfo Aristizábal para adelantar un proyecto comercial, y ya muy avanzada la demolición, el Ministerio de Cultura y la Alcaldía de Cali intervienen en defensa de ese patrimonio histórico y cultural. Con el ojo afuera no hay Santa Lucía que valga. Así es todo en nuestro lindo país.

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