Ecce Homo

Diciembre 26, 2013 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

El episodio de Gustavo Petro y su destitución como alcalde de Bogotá por resolución del Procurador, que le imputó faltas gravísimas por el manejo de las basuras, cuando torpemente dispuso entregar su recolección a una empresa distrital para quitársela a unas privadas, ha dado lugar a reacciones de todo tipo y ha hecho que Petro pase de funcionario desacreditado a mártir.Solamente el 7 de febrero de 1948 en la Plaza de Bolívar se había visto multitud semejante a la que la colmó el 13 de diciembre último, respaldando al alcalde. Aquel día, Jorge Eliecer Gaitán convocó a la masa liberal para que en silencio y portando antorchas se reuniera alrededor de la estatua del Libertador a exigirle al presidente conservador Mariano Ospina que detuviera la violencia de que era víctima el partido por acción de estamentos públicos, especialmente la Policía que había uniformado a los que se conocieron como ‘chulavitas’.Yo era entonces estudiante de 1° de bachillerato pero como siempre me interesó la política acudí a la convocatoria de Gaitán y quedé impresionado, no solamente por su discurso sino por el silencio total pues en la plaza no se oyó ni un grito, ni un viva, únicamente aplausos al finalizar la "Oración por la paz”. Pasados los años, comprendí que esa noche Gaitán firmó su sentencia de muerte pues a pesar de que creo que Juan Roa Sierra actuó en solitario, se fue creando un ambiente hostil no solo en la extrema derecha sino también en sectores retardatarios del liberalismo, que veían la imposibilidad de atajar a Gaitán en su arrollador paso hacia la presidencia en 1950, que desembocó en la tragedia del 9 de Abril.Que un hombre salido de la entraña popular, que no tenía más que su prodigiosa inteligencia y el don precioso de la oratoria lograra estremecer a las muchedumbres que se rendían cuando aparecía en las tribunas con su consigna de ¡A la carga!, era algo no visto en Colombia. No ha habido y juzgo que no habrá en el futuro un caudillo con los atributos que tenía este hombre de duras facciones y penetrante mirada.Siempre me ha extrañado que un pueblo como el colombiano, con tantas escaseces, no haya encontrado un líder que encauce el sentimiento de inconformidad que bulle en el alma de millones de compatriotas.Me preocupa que la decisión sancionatoria de Ordóñez catapulte a Petro y lo convierta en actor de primer orden de la política nacional, pues lo que se vio el 13 de diciembre con sus seguidores enardecidos en el mismo escenario que colmó Gaitán hace 66 años, es el anuncio de lo que vendrá pues vaticinó que el destituido funcionario logrará regresar al poder, por la vía de la tutela, por revocatoria directa ante la jurisdicción contencioso administrativa o por determinación de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.Pero aun en el caso de que las acciones propuestas por Petro fracasaran en esas instancias, se convertirá en un agitador que dará muchos problemas en nuestra frágil democracia.Si yo tuviera la capacidad literaria de Arthur Miller, escribiría una pieza de teatro con este título: Ecce Homo, y en ella habría un acto en el que el procurador Ordóñez presenta a Petro ante el pueblo como el hombre que le hace falta para exigir sus derechos. Ahí no será un alcalde mediocre sino un líder rampante. El actual sainete puede volverse drama. Como decía Hebert Castro, se los dije, se los advertí. Ojalá no se pasen la advertencia por la faja.

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