Dos plebiscitos

Dos plebiscitos

Octubre 20, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

No sé cuántos colombianos puedan echar el cuento de haber votado en los únicos plebiscitos que ha habido en este macondiano país, el del 1 de diciembre de 1957 y el del 2 de octubre de 2016. Como yo participé en ambas convocatorias voy a referirme a ellas porque en los 59 años que transcurrieron entre una y otra, Colombia cambió sustancialmente. Empecemos por el primero.Al salir derrotado el Partido Liberal en las elecciones de 1946, subió al poder Mariano Ospina Pérez escogido por el jefe del Partido Conservador Laureano Gómez, quien pensó que el ingeniero antioqueño no despertaba temor en los liberales que podían seguir en su división suicida entre Gabriel Turbay y Jorge Eliecer Gaitán, y que Ospina le abriría el camino a Gómez para 1950.Al poco tiempo de iniciado el nuevo gobierno, comenzó una etapa violenta que desembocó en el asesinato de Gaitán el 9 de abril de 1948, que produjo tremenda reacción liberal, especialmente en Bogotá, cuando la masa roja enloquecida por el dolor de la muerte del líder y los efectos del alcohol, cometió toda suerte de desmanes, con incendios de periódicos conservadores y asaltos a los almacenes, que dejaron en cenizas el centro de la capital.El gobierno pasó factura y de ahí en adelante el territorio se convirtió en inmensa zona de guerra, con un saldo de 300.000 muertos en los diez años que duró esa tragedia. Cuando todo parecía perdido, apareció un hombre providencial, Alberto Lleras, quien asumió la dirección del liberalismo y logró en España, donde estaba exiliado Laureano Gómez a raíz del golpe de Estado que le dio Rojas Pinilla el 13 de junio de 1953, que se firmara un pacto de paz entre liberales y conservadores, que se solemnizó con el plebiscito del 1 de diciembre de 1957.Esa reforma constitucional plebiscitaria dispuso que ambas colectividades históricas se repartieran en tajadas iguales el poder público; que las mujeres pudieran votar; y que el 10% del presupuesto nacional se dedicara a educación. Posteriormente, el Congreso paritario aprobó la alternación, en virtud de la cual por 16 años rojos y azules alternaban la presidencia por períodos de 4 años, sistema que concluyó en 1974, cuando accedió López Michelsen al jefatura del Estado.Los liberales, de probada mayoría electoral, aceptamos doblar la página sin pedir nada a cambio, salvo poder vivir tranquilamente. No hubo reclamaciones económicas; no se pidió cárcel para los responsables de tantos crímenes atroces, como los que se cometieron en Tuluá; no se solicitaron modificaciones a la justicia. Esa conducta –y desde luego la buena voluntad conservadora- permitió que hubiese unos años de paz, hasta que llegaron los guerrilleros de distintas denominaciones, y otra vez la muerte enseñoreó el suelo de la patria.La sensatez que hubo en aquella época no se vio ahora, cuando el presidente Santos dispuso –craso error– someter a plebiscito el Acuerdo con las Farc suscrito en Cartagena, conseguido luego de seis años de difíciles negociaciones. Con artimañas de dudosa reputación los opositores pudieron con una precaria mayoría derrotar el Sí. Espero que las exigencias de Uribe y Pastrana sean viables pues pretender que una guerrilla no derrotada acepte condiciones que disminuyan lo alcanzado en el Acuerdo, es imposible. Propongo que volvamos a 1957, doblemos la hoja y sigamos adelante con la paz, que es mejor que esta guerra absurda con 52 años de “sangre, sudor y lágrimas”.

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