Discursos forenses

Diciembre 06, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Jorge Enrique Valencia es uno de los más ilustres exponentes del foro colombiano y, como vallecaucano integral que es, constituye un honor saberlo coterráneo. Aparte mi admiración por sus ejecutorias de jurista, siento por él un cariño grande pues su padre Hernando Valencia Cifuentes fue entrañable amigo del mío, Federico Restrepo White, y ambos participaron en la política regional por largo tiempo. La amistad entre Valencia y Restrepo llegó al punto de que este último fue padrino de bautizo de Jorge Enrique, hecho que yo desconocía, hasta el día que el ahijado me contó la historia. Valencia ha ocupado todos los cargos que existen en el campo penal de la rama judicial. Juez de diversas categorías en Cali, magistrado de su Tribunal Superior y, finalmente, magistrado de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, de donde se retiró, ya pensionado, a dictar cátedras en universidades de Bogotá, y a publicar libros de indiscutible importancia.Hace un año sacó a la luz pública una joya, que fue la compilación de sentencias de la Corte, de las que fueron ponentes ilustres vallecaucanos. Allí aparecieron fallos de Tulio Enrique Tascón, de Luis Enrique Romero Soto, de Absalón Fernández de Soto, de tantos otros paisanos que dieron lustre al más alto tribunal de Colombia.Ahora me llega una excelente compilación de piezas forenses de los más insignes abogados penalistas colombianos. Y aquí tengo que hacer una digresión personal, y es que a pesar de haber preferido el derecho civil para mi ejercicio profesional, siempre tuve interés en la ciencia penal pues ella contiene un aspecto teatral indiscutible, especialmente cuando funcionaban los jurados de conciencia, y ahí se lucían los oradores de la talla de Isaías Hernán Ibarra, Carlos Holmes Trujillo y Carlos H. Morales. Yo terminé mis años de judicatura como Juez Primero Superior de Buga y en ese cargo presidí audiencias inolvidables. Después la vida me llevó por los senderos del Código Civil, pero soy feliz leyendo las intervenciones de los reconocidos criminalistas criollos.Por eso he gozado tanto con el último libro de Valencia, que tituló ‘Discursos forenses, alegatos y otros escritos’, pues en esa obra aparecen textos maestros de Florentino González, Enrique Ramírez Gómez, Jorge Eliécer Gaitán, José Camacho Carreño y Augusto Ramírez Moreno, que dejan al lector asombrado por la profundidad de las tesis que esgrimían, ora como defensores, ora como acusadores.Como atrás dije, el ejercicio del derecho penal tiene mucho de drama shakesperiano pues por lo general hay un crimen, una víctima y un responsable que se sienta en el banquillo de los acusados, y uno lee esas oraciones que producen el mismo suspenso que causa una novela de Georges Simenon o de Agata Christie.En este nuevo libro de Valencia está, por ejemplo, el caso de la muerte del médico Arturo Mejía Marulanda, ocurrida en el café ‘El Polo’ de la Calle 12 de Cali, el 22 de agosto de 1933, y de la que se acusó a don Jorge Zawadzky, director del periódico Relator. Ese fue un escándalo social por la preeminencia de los protagonistas, y leer la acusación que hizo el doctor José Antonio Montalvo y la defensa a cargo de Jorge Eliécer Gaitán, es revivir a dos titanes enfrentados. Triunfó Gaitán porque don Jorge fue absuelto.Felicito a mi colega externadista, y que siga deleitándonos con ese empeño cultural que ha emprendido en el campo literario.

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