Discreción, por favor

Discreción, por favor

Marzo 17, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

En la escuela pública, anexa al Gimnasio del Pacífico, por ahí en tercero de primaria, escuché a un muchacho que iba en bachillerato decirle a un amigo suyo que cierto personaje local era “dañado”, y cuando averigüé el significado de ese participio me respondieron: “Marica”, pues entonces el término homosexual no había ingresado al diccionario tulueño.A la sazón, yo era totalmente ignorante en asuntos sexuales y no distinguía la diferencia entre chicos y chicas, y me faltaban años para descubrir con el perfecto soneto de Miguel Rash-Isla “el bosquecillo terso de ébano y seda, bajo el cual guarneces el tesoro mejor del universo”, hoy deforestado por el invento impío del señor Gillette, cuyas cuchillas les dejan el pubis como mejilla de niña.Naturalmente que en el pueblo había uno que otro “dañado” -o “del otro equipo” como también se les conocía-, pero no recuerdo que fuesen discriminados. Jamás vi una escena romántica de dos varones, ni presencié algo que moviera al escándalo; tampoco formaban ‘pareja’, ahora tan común. Era gente diferente, como hoy sigo viéndola sin que su inclinación sexual me produzca ni frío ni calor, porque tengo mente abierta y estimo que cada quien puede hacer de su capa un sayo.Pero en los días que corren, el gremio ha salido del clóset con toda la juguetería, y esa publicidad que reciben los homosexuales cuando son sorprendidos in fraganti en sus retozos amatorios me causa preocupación pues una cosa es la aceptación de una conducta sexual dictada por las hormonas y otra que esa conducta se vuelva manifestación permanente en la que los protagonistas son iluminados por los focos de los reflectores noticiosos.Hay espacios que, a mi juicio, no deben ser ocupados por personas de esa condición, como los cupos en la Escuela de Policía ‘General Santander’ o en la ‘Simón Bolívar’ de mi patria chica. Ni que una muchacha inclinada hacia sus congéneres entre a un convento de monjas en clausura, como el de las Concepcionistas de Tuluá. No veo cómo un teniente ‘gay’ pueda dirigir un escuadrón del Esmad en combate con unos revoltosos universitarios, ni a una capitana lesbiana debelando el alzamiento de reclusas en una cárcel de mujeres.Como todos salieron a la luz pública en corporación, deben ser más discretos y no dar ‘papaya’, como la que ofreció el exviceministro Carlos Ferro con esa burda grabación que no sólo le costó el cargo sino que produjo vergüenza a su familia, y que también cobró la cabeza de la imprudente Vicky Dávila.Que hagan lo que quieran con su vida privada, pero déjenla privada y no produzcan escozor en esta sociedad pacata que tiene un procurador que los detesta. Ámense, practiquen el sexo como a bien tengan, pero ‘coman callados’. Formen pareja, dispongan que el sobreviviente herede los bienes y la pensión; y que sean felices pues también son hijos de Dios y merecen serlo.Ojalá la brusca expulsión de la señora Dávila de La F.M. de RCN sirva para que los periodistas entiendan que no deben abusar de los medios para acabar con la honra ajena, como ella lo hizo con el video de Ferro y Ányelo Palacio creyendo que era una ‘chiva’ espectacular, cuando en realidad no sirve de prueba en la investigación de la ‘comunidad del anillo’ y no pasa de ser una exposición grotesca.Peor que la imprudencia de la periodista fue el torpe infundio de que su salida fue solicitada por el presidente Santos.

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