Disciplina

Disciplina

Julio 19, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

No creo que haya país del mundo más indisciplinado que el nuestro, en donde todos hacen lo que les da la real gana, sin tener en cuenta que somos una sola nación y que sus componentes humanos deberíamos acatar mínimas reglas de convivencia social, que frecuentemente son desconocidas o vulneradas.Piénsese no más en estos ejemplos, citados al azar. En un parque se pone en el césped un cartel que reza: “No pise los prados”, y ahí mismo, si se acorta el camino para ir a cualquier parte, se inicia un senderito –no propiamente de amor como en la vieja canción– sino un paso peatonal que va deteriorando la yerba hasta mostrar la tierra. Para no hablar de “Se prohíbe fijar carteles”, que se convierte en el muro para afiches publicitarios.El dueño de la casa, situada en zona comercial, se mantiene desesperado porque a pesar de haber puesto un letrero visible que indica “Garaje, prohibido estacionar”, allí le parquean vehículos todo el tiempo, lo que imposibilita a la familia la libre movilización de su automóvil. En Tuluá yo vivía frente al Teatro Ángel y, generalmente, cuando llegaba a las nueve de la noche ya un cineasta me tenía bloqueado el garaje, por lo que opté por poner el consabido letrerito prohibitivo, que al no dar resultado alguno me llevó a un acto extremo y fue que al carro que se estacionaba en ese sitio, le desinflaba una llanta, y así logré solucionar el lío, pues como buen pueblo que era Tuluá, se regó la bola del ‘desinfle’. Santo remedio.Observo con preocupación la lluvia de críticas que le cae a Alberto Hadad por el empeño que ha puesto para hacer de Cali una ciudad civilizada en el tema del tránsito. La ciudad era un verdadero caos pues aquí los conductores de vehículos, públicos y particulares, se creían –nos creíamos– dueños y señores, incluidas las señoras, del espacio y estacionábamos donde las necesidades se presentaran. Y como las autoridades tenían cierta laxitud, el sujeto que iba a hacer una consignación bancaria pedía “un momentico” para acercarse al cajero. La dama que requería un par de medias estacionaba frente a la tienda y pedía “un momentico, que ya vuelvo”. El adolescente que paraba frente al estanco a comprar la botella de aguardiente también suplicaba “el momentico”, con la adición gravísima que esa botella la consumían los compañeros de parranda, empezando por el dueño de las llaves del auto.Alberto Hadad le ha puesto fin, con mano dura, a todos esos “momenticos”, y se las tiene montada, como dicen los muchachos cuando sus padres son drásticos, a los irresponsables que conducen embriagados pues la borrachera empieza por el nivel uno del alcoholímetro.En un pueblo con la indisciplina del colombiano, una gestión como la que adelanta el excelente secretario de Tránsito, levanta ampollas, y no falta el que diga que es un mediático dictador de disposiciones en esa materia. Pero él –lo conozco– no se dejará intimidar y continuará cumpliendo con su labor, como competente funcionario que se ha echado sobre sus hombros el trabajo de hacer de la suya una ciudad en la que los automotores circulen respetando las normas vigentes.Inclusive, estimo que la publicación de las grabaciones que muestran a los infractores, especialmente a los conductores ebrios, son necesarias para que la gente sepa que al fin en Cali apareció alguien con los pantalones tan bien amarrados como los que usa Alberto Hadad.

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