Demarcando territorio

Julio 22, 2010 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Caído el referendo reeleccionista, gracias al fallo de la Corte Constitucional que jamás acabaremos de agradecer, especialmente por el valor del magistrado ponente Humberto Sierra Porto, Uribe “la metió toda” para que su sucesor fuera alguien con alma de lacayo, tipo Andrés Felipe Arias. Por fortuna Noemí se le atravesó y con alguna ayuda “externa” puso fuera de combate al insufrible Uribito, que se quedó con los crespos hechos pues de haber ganado la consulta conservadora hoy lo teníamos de presidente electo, porque Uribe le hubiese puesto toda la máquina oficial a su servicio.A Uribe, después del desastre sufrido por su protegido, le quedó la carta de Juan Manuel Santos y, naturalmente, hizo lo que pudo por ayudarle con el cuento ridículo de los tres huevitos, que a muchos nos puso la piel de gallina, pues era horrendo oír con acento paisa esa historieta huevera cada vez que Uribe cogía un micrófono.Yo, sin ser arúspice, jamás creí que alguien de rancia estirpe como Juan Manuel Santos pudiera convertirse en simple amanuense de Uribe, de quien recibiría órdenes durante toda su administración. Una persona que desde niño ha paseado entre los poderosos de este país, condueño de uno de los grandes periódicos de América Latina, sobrino nieto de ex presidente y ex designado a la Presidencia no puede ser tan torpe de volverse, al llegar al poder, un secretario cumplidor de agenda ajena.Por tener esa convicción, y a pesar de haberle formulado críticas en su paso por el Ministerio de Defensa, voté por Santos en la segunda vuelta y todos los días me afirmo en que acerté en la elección, pues desde un comienzo ha dado muestras de su carácter y de su independencia, que le han llevado a demarcar territorio: Uribe es Uribe y Santos es Santos, dijo. Y es verdad, pues lo está demostrando con hechos, que deben tener a Uribe hecho un tigre, pensando que le falló el depositario de la trilogía oval.Santos ha venido asestando puño tras puño al plexo solar de Uribe, que es donde acusan el golpe los boxeadores en el ring. La visita a los altos tribunales y el buen recibimiento con el que acogieron los magistrados lo acogieron. Los conciliadores mensajes a Chávez y Correa para recomponer las relaciones, a pesar de la carga de profundidad de mala leche que Uribe acaba de lanzar. El nombramiento de María Ángela Holguín, la altiva embajadora en la ONU que le renunció para no plegarse a sus maniobras clientelistas. El llamamiento a la unidad nacional para incluir a todo el espectro político, cuando Uribe había condenado a las tinieblas exteriores al Partido Liberal.Pero ‘la tapa del congolo’ fue el nombramiento de Juan Camilo Restrepo, quien durante estos ocho años del gobierno de Uribe fue un crítico severo e implacable. Esa posición enhiesta de Restrepo le valió el rastrero veto de Uribe cuando aquel aspiró a la gerencia de la Federación Nacional de Cafeteros para la cual contaba con amplio respaldo del gremio.Cuando quise tener claridad sobre lo que sentía Uribe con el nombramiento de Juan Camilo como ministro de Agricultura, imaginé lo que habría sentido yo si Rafael Pardo, de haber ganado la Presidencia, hubiese designado ministro de cualquier cartera a José Obdulio Gaviria. Desde luego que Restrepo es un señor y José Obdulio es José Obdulio.Por lo pronto, los huevitos están tibios. Con dos hervores más que les dé Juan Manuel, estallan.

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