Delirio de persecución

Febrero 02, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Juzgo que al expresidente Uribe ya no le están haciendo efecto las goticas tranquilizantes que le recetaba en la Casa de Nariño su médica de cabecera, pues ahora está al borde de un ataque de nervios y, lo que es peor, con un delirio de persecución que raya en estado mental preocupante.Como ya las drogas homeopáticas no le sirven, debe acudir a otros medios, incluido el Chamán de las lluvias, para que se logre amainar la tempestad que ruge dentro del alma de este ínclito varón, que en un momento de la historia de Colombia supo vertebrar el cuento de la “seguridad democrática” detrás del cual, como los de la leyenda del célebre flautista, se fueron de bruces muchos colombianos que veían en él al nuevo salvador que traería la dicha a este sufrido país.A raíz de las investigaciones que se han abierto en la Procuraduría, la Fiscalía y la Corte Suprema de Justicia, para estudiar si hubo conductas punibles en varios subalternos del presidente Uribe, éste, sin ninguna razón válida, ha trinado y hecho saber a la opinión, que aquí se está montando una tremenda injusticia para llevar a la cárcel a quienes estima intachables ciudadanos que no hicieron cosa distinta de cumplir con el deber.Flaco servicio les presta Uribe a sus amigos al acusar a jueces y fiscales de poco menos que prevaricadores, pues eso es lo que se entiende cuando dice que gente inocente está sometida a una justicia politizada que sólo busca venganza, sin que explique cuál es la venganza que se ejerce y contra quien va dirigido ese conato vindicativo.Pero la tapa del congolo es cuando se enfurece porque la Presidencia de la República, a solicitud de la Fiscalía, pide que a la Nación se tenga como víctima en el proceso que adelanta contra Luis Carlos Restrepo, lo cual es lógico, pues en la falsa desmovilización del grupo ‘Cacica La Gaitana’ se emplearon dineros públicos, causándose detrimento patrimonial del Estado.Creo que una persona que ha ocupado el más alto cargo previsto en la Constitución por dos periodos consecutivos, y que aspiró a un tercero, debe observar frente a los administradores de justicia una conducta distinta. Pedir, por ejemplo, que Santos intervenga para detener lo que Uribe considera persecución judicial, es pedir un imposible, pues un Presidente respetuoso de la Carta y de la Ley no puede intervenir ni a favor ni en contra de un sindicado, so pena de incurrir en delito.No he visto que a ninguno de los altos heliotropos uribistas que están siendo procesados se les haya coartado el derecho de defensa. Todos tienen competentes abogados en los estrados a los que comparecen. Todos gozan de los más amplios medios de defensa. Nadie puede decir que un juez venal se la tiene “montada” a uno de ellos. Para citar un solo caso, Andrés Felipe Arias tiene como defensor al exmagistrado Jorge Aníbal Gómez, de reconocida solvencia profesional, y si llega a ser condenado es porque las pruebas recogidas demuestran su participación en hechos contrarios a la ley y sancionados en el Código Penal.Todos estos personajes que se sientan en el banquillo de los acusados están allí por haber sido fieles a su jefe, pues lo que ellos pretendían, en su abyecta obsecuencia, era que Uribe fuese reelegido. Eso no se logró y por eso hoy están respondiendo por su desviada conducta.

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