Cuando yo digo Francia

Agosto 04, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Es posible que el nombre de José Umaña Bernal, nacido en Tunja en 1899 y fallecido en Bogotá en 1982, nada les diga a los lectores de esta columna, y por eso me atrevo a expresar que se trata de uno de los más grandes poetas y escritores que ha dado Colombia, que destaca en el panorama mundial como tierra de escritores de noble pluma y poetas de elevado estro.Umaña Bernal fue, además, diplomático al que su imponente presencia le hacía digno representante del país ante naciones extranjeras. Mantuvo por años columna en El Tiempo – ‘Carnet’– con el pseudónimo de Sorel, en homenaje al personaje de Rojo y Negro, la novela de Stendhal, a mi juicio una de las obras cenitales, hoy desconocida por la gente joven y aún por la adulta. En esas columnas, que a su muerte fueron compiladas en un volumen, se observa la inmensa cultura de este compatriota, que trataba toda clase de temas por la universalidad de su ilustración.De sus poesías, quiero recordar hoy el comienzo de una de las más bellas: “Cuando yo digo Francia, es como si dijera / dulzura, y fortaleza, y amor, y gloria, y gracia... Cuando yo digo Francia Francia digo, y la veo, como la he visto un día / lejano, sobre el atlas borroso de la infancia.”Es a esta Francia a la que ahora pretenden destruir los bárbaros de Estado Islámico, que le han causado tanta muerte, tanto dolor, tantas lágrimas, sin que sepamos, a ciencia cierta, si los terroristas seguirán atacándola sin importarles las víctimas inocentes de esa violencia atroz.Apropiándome del verso de Umaña, cuando yo digo Francia tengo que fraccionar la admiración que siento por ese país en varias etapas de mi vida. Inclinado a la lectura desde niño, en mi casa de Tuluá estaban todos los clásicos galos: Voltaire, Víctor Hugo, Flaubert, Proust, y naturalmente Julio Verne, y Dumas, y las novelas negras de Simenon, con el inspector Maigret, que es la versión francesa de Sherlock Holmes. Y los modernos Sartre, y Camus, y Simone de Beauvoir, todos ellos gigantes de la cultura occidental.Luego vinieron los estudios de derecho, y allí estaban los maestros que trazaron línea en esa ciencia, fundamentales para nuestro país porque los colombianos adoptamos muchas normas del Código Civil de Napoleón. Para no hablar de la gesta libertaria del 14 de Julio de 1779.Cuando visité París por primera vez quedé asombrado por esa ciudad en la que todo es hermoso: sus jardines, sus monumentos, sus edificios históricos como Notre Dame, la tumba del Gran Corso en Los Inválidos, la célebre torre, los puentes sobre el Sena, el Louvre.Sus pintores son inmortales. Entre ellos destaco a mi preferido Toulouse Lautrec, y a Cezanne, y a Monet, y a Millet, de cuyas obras maestras ‘El Ángelus’ y ‘Las Espigadoras’ tengo buenas reproducciones en mi oficina.Y el cine: los verdes ojos de Michele Morgan, la seducción que ejercía Simone Signoret, la belleza de Brigitte Bardot. Y la gallardía de los actores: Jean Gabin, Ives Montand, Gerard Philipe, Alan Delon, Jean Marais, inolvidable en ‘La bella y la bestia’, el drama de Cocteau.Por lo que Francia ha representado en mi vida, elevo la voz de protesta por los crímenes que ha sufrido, cometidos por los asesinos de EI. Atentar contra esa nación es atentar contra toda la humanidad.Me preocupa que no veo solución pronta para esa tragedia que se cierne sobre el mundo pues los fanatismos religiosos son peores que los políticos.

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