¿Cuál persecución?

Mayo 19, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

En todos los medios a su alcance, el señor Álvaro Uribe Vélez habla y escribe por la mañana, al mediodía y por la noche sobre lo que él considera persecución de la Justicia a las personas de su entorno político, vinculadas por delitos diversos a investigaciones de carácter penal, tanto en la Fiscalía como en la Corte Suprema.Para Uribe, todas esas personas son gente buena, que jamás obraron con dolo y que están en las cárceles o a punto de entrar a ellas, que son caballeros y damas intachables que por prestar un servicio al país se han visto envueltos en procesos promovidos por malquerientes del régimen de la Seguridad Democrática, y por unos jueces parcializados que ven delincuentes en todo aquel que tenga tinte uribista.No en balde los colombianos soportamos en vivo y en directo lo que fue el gobierno de Uribe, un ciudadano que supo calar en el alma de sus compatriotas echando el cuento bien echado de que con él Colombia reencontraría el sendero de la paz, y que él liquidaría de un tajo la violencia generada por la insurgencia armada, de todos los pelambres. El país le creyó el cuento y, a decir verdad, logró avances importantes en la lucha antiguerrillera, y sería necio no reconocerlo.Pero ese liderazgo de Uribe, y esa conexión sentimental con sus gobernados, le fue creando un espíritu mesiánico que lo llevó a creerse imprescindible, y por eso se metió en el absurdo proyecto de la reelección que gracias al fallo de la Corte Constitucional se volvió imposible de cumplir el sueño de su perpetuación en el poder.Ese ánimo mesiánico es propio de los líderes de regímenes autocráticos. Hitler, Mussolini y Franco, también creyeron en su hora que eran enviados de Dios para salvar a sus pueblos, y como quienes estaban próximos pensaban lo mismo, se cometieron toda suerte de desmanes tendientes a que sus proyectos duraran eternamente.Naturalmente, cuando un gobernante siente que nadie da la talla para reemplazarlo, y cuando buena parte de un pueblo cree lo mismo, surge a su lado un grupo de funcionarios que empieza a idear acciones para que el jefe se sienta a gusto, e inclusive le hacen esguinces a las leyes pues juzgan que todo lo que aprovecha a ese jefe es lícito hacerlo.Estoy seguro, para referirme únicamente al escandaloso caso de Agro Ingreso Seguro, que el ex Viceministro de Agricultura y los otros ex funcionarios que están en el banquillo de los acusados, no son criminales comparados, por ejemplo, con el sujeto que violó y mató a la niña en Tame, pero incurrieron en otras acciones sancionadas por nuestras normas penales, por las que deben responder. Eso no es persecución. Eso es hacer cumplir la ley.A Uribe le duele que se les haya dictado medidas de aseguramiento porque, según él, no son un peligro para la sociedad. Habría que decirle al ex Presidente que lo que la Justicia pretende es que no se evadan antes del juicio y que no le sigan el consejo al jefe de asilarse en país extranjero, como lo hizo María del Pilar Hurtado, ex directora del DAS, procesada por las ‘chuzadas’.Cuando la Justicia está dando muestras de efectividad, no dice bien de Uribe que se vaya lanza en ristre contra sus administradores, pues él debe dar ejemplo al país de tolerancia, de respeto por la ley, de acatamiento a las instituciones. Que despotrique José Obdulio, pero a Uribe se le ve mal la iracundia contra la diosa ciega de la Justicia.

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