Corrupción

Julio 14, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Julio César Turbay Ayala, que de tonto no tenía un pelo, en su campaña presidencial de 1978 prometió reducir la corrupción “a sus justas proporciones”, sentencia que ha sido motivo de burla hasta los días que corren, cuando ya ese fenómeno perverso ha desbordado todos los límites.Soy de los pocos que tomaron en serio la frase del ex presidente liberal pues en todos los países del mundo ha habido, hay y habrá corrupción pues su total eliminación es imposible, porque el hombre -según el gran literato francés Víctor Hugo- lleva dentro de sí una culebra que le tienta, le traiciona y le castiga: el intestino. Y como siempre existe algún vivo que se aprovecha de los controles laxos del Estado para sustraer dineros públicos en su beneficio, si la Justicia no actúa, los corruptos se vuelven legión pues, cosa triste, hay gente que estima que robarle al Estado no es robar.Cuando Colombia era un país decente, la corrupción era mínima pues la mayoría de los funcionarios llegaba a los cargos a prestar un servicio público y no a echar mano de los dineros oficiales a través de contratos y otras tretas que en este momento son motivo de escándalo.Nunca hubo en Colombia un gobierno más corrupto que el presidido por el hoy simple ciudadano Álvaro Uribe. Pero lo que es increíble es que haya personas que lo exculpen como si no hubiera sido el responsable directo de su administración, y que los funcionarios que están en investigación por los órganos de control y de justicia, estaban bajo su comando.Las interceptaciones ilegales del DAS fueron cometidas por personas que pertenecían a ese ente adscrito a la Presidencia de la República, y Jorge Noguera y María del Pilar Hurtado fueron nombrados por Uribe, e incluso cuando cayó el primero lo nombró cónsul en Milán y hoy está preso, y la segunda está en Panamá, gozando del exilio aconsejado por su ex jefe.En la Dirección Nacional de Estupefacientes, que es la entidad encargada de administrar los bienes incautados a los narcotraficantes, Uribe nombró un protegido de su ministro del Interior, que convirtió ese organismo en nido de ratas, en donde nadie rendía cuentas y se feriaban los inmuebles y vehículos que se había quitado a los mafiosos. También el señor Uribe es responsable de lo que allí sucedió pues es imposible que algo tan grande ocurriese sin que él se enterase.En Incoder, en el Inco, en Invías, en el Ministerio de Agricultura con el programa Agro Ingreso Seguro, se dilapidaron billones de pesos en beneficio de unos pocos. Especialmente en AIS, se regaló plata del Tesoro Público favoreciendo a unos señorones que, a su turno, giraban dinero a los fondos de campaña de Andrés Felipe Arias, quien muy campante hacía política por todo el país, como sucedió en el Valle y que le costó la caída al gobernador Abadía, quien por tener contento al jefe supremo acompañó a Arias -ya ex ministro- a una reunión de alcaldes en una finca en Rozo.Al llegar Fidel Castro al poder creó una entidad que hace falta en Colombia: el Ministerio de Fondos Malversados, que investigaba y llevaba al paredón a quien se demostrara aprovechamiento de recursos públicos. Como soy enemigo de la pena capital, hay que esperar que la Justicia, como lo están haciendo la Fiscal, el Procurador, la Contralora y la Sala Penal de la Corte condenen con las máximas penas a quienes hayan metido las manos en las arcas oficiales.

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