Contra rencor, olvido

Contra rencor, olvido

Noviembre 28, 2013 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Muchos colombianos guardan rencor contra los grupos guerrilleros que han causado tanto dolor con sus crímenes, que desbordan los límites de los códigos de guerra y de eso que se llama “amor al prójimo” que predica la religión Católica a la que pertenecemos la mayoría. Por eso aplauden cuando el Gobierno logra asestar golpes duros a esos sujetos que parecen personajes salidos de películas de terror.Entiendo que haya ciudadanos que ven con horror que con “terroristas”, como los denomina el expresidente Uribe, se adelante un proceso que puede culminar en la paz con el silencio de los fusiles y el cese de apertura de tumbas.Pero otros, como es mi caso, llegamos a la conclusión que no es por las armas como se va a llegar a la anhelada paz, por una razón elemental: porque ese medio ha sido ensayado durante 50 años, sin éxito. No es verdad que al terminar el mandato de Uribe las Farc estuvieran “casi” derrotadas. Ese “casi”, como oigo afirmar con frecuencia es una falacia y, precisamente, como no estaban derrotadas es por lo que el presidente Santos puso todo su conato en combatirlas y logró resultados asombrosos como fueron la muerte de dos jefes supremos de esa asociación delictiva: el ‘Mono Jojoy’ y ‘Alfonso Cano’, este último sucesor de ‘Marulanda’, que murió tranquilamente en su hamaca.Santos llegó al convencimiento de que la cosa no se arregla a bala sino conversando, y por eso convocó a seis notables colombianos para que se sentaran en La Habana a dialogar con los delegados de las Farc, una apuesta muy difícil pues sabía que le traería la tenaz crítica de Uribe y sus conmilitones, que no han ahorrado argumento contra el proceso, todos reñidos con la verdad.No es cierto que Santos esté entregando el país al terrorismo pues sería desconocer la hoja de vida del Presidente para imaginar que fuera capaz de un despropósito semejante. Ni se puede creer que los negociadores del Gobierno, con Humberto de la Calle a la cabeza, tengan la avilantez de entregar la patria al “castrochavismo”. Ellos también aman a Colombia, señor Uribe. Ellos también, como usted suele decir, quieren a la patria. Y ellos también, como usted, tienen cónyuges, hijos y nietos que ansían un futuro sin guerra.Tampoco es cierta la cantaleta del uribismo, que ahora tiene por vocero a Óscar Iván Zuluaga, de que se está ofreciendo “impunidad” a los jefes insurgentes. Yo quisiera que alguno de ellos, comenzando por el candidato, mostrara una prueba -una sola- de ese ofrecimiento, y en cuál documento está plasmado. Naturalmente, como en su momento Uribe hizo con el paramilitarismo, se llegará a aceptar una justicia transicional que ponga en la cárcel a los jerarcas de las Farc, con penas diferentes a las señaladas en el Código Penal.Nadie chistó cuando Salvatore Mancuso y su cuadrilla se entregaron para someterse a la Ley de Justicia y Paz. Lo de la posterior e inexplicable extradición a Estados Unidos es harina de otro costal, que no viene al caso para esta nota.Si Colombia quiere reconciliación, es decir, compartir el territorio sin violencia, los compatriotas tenemos que aprender a vencer el rencor que anida en el alma de muchos. Yo tengo la fórmula que puse en práctica cuando sufrí la pérdida de un ser próximo a mi corazón: me propuse dejar de lado el rencor y olvidar la tragedia. El día que logré eso pude retomar el sosiego y recobrar la felicidad. Por eso, contra rencor, olvido.

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