Con los pesimistas

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No es fácil adelantar un proceso de paz con una organización guerrillera...

Con los pesimistas

Noviembre 08, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

No es fácil adelantar un proceso de paz con una organización guerrillera que lleva casi cincuenta años cometiendo toda clase de crímenes contra la población y contra la economía colombianas pues no hay exceso que no haya cometido: asesinatos, secuestros, voladuras de oleoductos y torres de energía y narcotráfico.En ese lapso han intentado inútilmente los diferentes gobiernos que ha tenido el país derrotar a la fuerza insurgente, pretendiendo llegar a una negociación política del conflicto, que solo ha servido para que la guerrilla crezca. Juan Manuel Santos resolvió jugarse su porvenir –reelección incluida– en acordar un nuevo proceso, ahora sin los errores que se cometieron en los gobiernos de César Gaviria y Andrés Pastrana.Ya comenzaron las conversaciones en Oslo y continúan en La Habana, y naturalmente el segundo comandante de las Farc, Iván Márquez, llevó la voz cantante en la rueda de prensa que hubo en la capital noruega, y se despachó contra el establecimiento colombiano, contra “el crimen del mercado”, contra los dirigentes empresariales, en fin, no dejó títere con cabeza.Yo no le di mayor trascendencia al sartal de imprudencias de Márquez pues ese es el mismo discurso que él y sus secuaces, de hoy y de ayer, han pronunciado a lo largo de los años, y en nada difiere, guardadas proporciones, de los que le oíamos al Che Guevara en la Cumbre de las Américas en Montevideo y a Fidel Castro en sus peroratas en la ONU.Es que se trata del idéntico discurso comunista que enseñaron Trotzky y Lenin, primero, y los jerarcas soviéticos después, hasta la caída del muro de Berlín en 1989, que terminó en el colapso de la Unión Soviética y de la ideología marxista, que sólo sobrevive en Cuba, en Vietnam del Norte y en “las montañas de Colombia”, en las que se mueven las Farc.De allí que no entiendo cómo sesudos analistas del acontecer nacional, expertos politólogos y columnistas surtidos, se rasguen las vestiduras y la emprendan contra el presidente Santos, empezando con el intransigente Álvaro Uribe, porque se haya propuesto dialogar con esos bandidos que le faltan al respeto a la plana mayor de los magnates criollos, y muchos sugieren que se suspendan ya las tratativas –como dicen los argentinos– para no tener que soportar más a sujetos como Iván Márquez, como tan “lobo” y como tan malcriado.Como yo ya llegué a la vejez pero conocí de muchacho una Colombia en paz, en la que cualquier raro hecho violento conmocionaba a la sociedad y se castigaba al delincuente, apoyo al presidente Santos en su conato de conseguir que nuestra patria recobre la tranquilidad, sosegando al menos a los peores alteradores del orden público que son los militantes de las Farc.Ojalá de La Habana surja un pacto que permita a la insurgencia reinsertarse a la vida civil e intervenir, sin armas y sin bravuconadas en las justas democráticas.Ese intento de Juan Manuel Santos nada le cuesta al país y gana mucho si sale adelante. Tal como lo ha dicho el doctor Humberto de la Calle Lombana, presidente de los delegados oficiales, si no se avanza positivamente en un tiempo prudencial, el Gobierno se para de la mesa y continuaremos eternamente echándonos bala y causándole a las nuevas generaciones la misma zozobra en la que hemos vivido nosotros en medio de esta guerra absurda.Pongámosle optimismo al asunto pues del pesimismo no se saca nada.

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