Centenario del Gimnasio

Centenario del Gimnasio

Marzo 20, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Hay en Colombia muchos colegios que llevan el nombre de 'Gimnasio', entre ellos el primero que conocí y en el cual cursé cuatro años de la primaria: el Gimnasio del Pacífico de Tuluá. Pero creo que cuando se escucha la voz 'Gimnasio' de inmediato se asocia con el Gimnasio Moderno de Bogotá, que antier celebró 100 años de su fundación. Un grupo de soñadores se dio a la empresa de establecer en la capital un colegio que fuera el primero en adoptar el método en boga en Europa, conocido como 'Escuela Nueva'. Personas de la categoría intelectual de Tomás Rueda Vargas, José María Samper Brush y Agustín Nieto Caballero se propusieron hacer realidad la iniciativa y fue así como el 18 de marzo de 1914, en un pequeño quiosco recibieron reducido grupo de niños, situado no en donde está hoy pues la construcción en el predio actual solo comenzó en 1918, en el precioso lote al norte de Bogotá, con área de cinco manzanas, entonces lejos de la ciudad que terminaba en Chapinero. De esos fundadores, Agustín Nieto fue el que mayor tesón puso en ese conato, y convertido en el primer rector abrió paso a lo que se estimó como una verdadera revolución en medio de la educación conservadora y clerical que imponían los gobiernos de la época. Se adoptaron los sistemas creados por la italiana María Montessori, promotora de la educación activa de infantes, y los del profesor belga Ovidio Decroly para la educación primaria. Los apellidos de esos dos insignes educadores perpetúan en el Gimnasio, en los cursos de lo que ahora conocemos como jardín infantil y primaria. No hay en Colombia un campus más bello que el del Gimnasio Moderno pues es una isla verde en medio de las imponentes moles arquitectónicas que la expansión de la ciudad fue levantando a su alrededor. Las edificaciones gimnasianas, semejantes a las de los colegios británicos, son preciosas y los directivos han sabido conservarlas a través de los años. Lo único moderno es la capilla cuya belleza no rompe la armonía del conjunto. Yo fui 'transplantado' de Tuluá al Gimnasio Moderno en 1947 y allí permanecí interno desde el último año de la primaria hasta recibir el título de bachiller. Soy sincero al decir que esos son los siete mejores años de mi vida, no solamente por la excelente educación que me dieron sus profesores sino porque me infundieron la devoción por la libertad pues el colegio es abierto a todas las expresiones liberales del espíritu. El director de internos era Ernesto Bein, un sabio alemán a quien don Agustín encontró en Londres antes de la Segunda Guerra Mundial y lo trajo al Gimnasio en donde cumplió todas las funciones: profesor de varias asignaturas, director de internos, vicerrector y rector a la muerte de don Agustín en 1975. El 'Prof' Bein es mi personaje inolvidable pues no he conocido a nadie con mayores conocimientos en diversas ciencias. Hace 60 años salí del colegio y lo sigo amando. Siempre que voy a Bogotá, saco tiempo para recorrer los verdes prados gimnasianos y recordar a mis condiscípulos, varios fallecidos, el último José Pablo Uricoechea, mi camarada de todas las horas.Allí todo sigue igual, como si el tiempo se hubiese detenido, hasta la banca en la que mi madre se sentaba a consolarme de la separación cuando tuvo que regresar a Tuluá dejando al hijo único bajo la implacable disciplina del Prof. Gracias Gimnasio por todo lo que me diste. Gracias por darme el orgullo de ser gimnasiano.

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