Carta a Rodrigo Londoño

Carta a Rodrigo Londoño

Junio 18, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

No le tengo suficiente confianza, señor comandante supremo de las Farc para llamarlo ‘Timochenco’ y, además, porque ignoro si desde ultratumba -y seguramente en el infierno, como diría la congresista uribista María Fernanda Cabal, pues era ateo como todo comunista- el general Semyon Timoshenko, de quien usted seguramente tomó su patronímico para usarlo como alias, se sienta tranquilo con la apropiación de su apellido en “las montañas de Colombia”, tan distantes de la estepa siberiana.Dicho sea de paso, Timoshenko fue uno de los grandes jefes militares del Ejército Rojo, pilar fundamental de la revolución bolchevique, que por su participación decisiva en la Segunda Guerra Mundial le dio a la ‘Madre Rusia’ -ya convertida en Unión Soviética, con Stalin por líder- la boleta de acceso al triunvirato que con Roosevelt y Churchill cobró la aplastante derrota de la Alemania nazi. Las tropas soviéticas fueron las primeras en llegar a Berlín el día del suicidio de Hitler.Pero esta carta abierta, don Rodrigo, no es para recordar ese pasaje de la historia de la humanidad que vivió la peor de las guerras habidas hasta entonces, sino para sugerirle respetuosamente que ordene la suspensión inmediata de las acciones de su tropa contra la población civil, pues a primera vista pareciera que le están haciendo el juego a Álvaro Uribe porque la gente -que ya las odia bastante- ve que las Farc es un enemigo mortal del pueblo raso y no su protector, como lo han proclamado desde hace cincuenta años.Yo soy un convencido de que hay que firmar el pacto de paz con los guerrilleros de las Farc. Creo que hay que adoptar el modelo de justicia transicional y asumo que ni usted, ni los otros comandantes, ni los milicianos rurales y urbanos van a ir a la cárcel, porque ni aquí ni en ninguna parte donde ha habido conflicto, los subversivos firman y entran a prisión. Ni pendejos que fueran. Para eso se quedan en la selva, que ya la conocen bien. Lo que pretendo decir es que si llegamos al proceso electoral en el que los colombianos diríamos sí o no a lo que usted y el presidente Santos suscriban en La Habana, si eso se diera en un ambiente como el que se vive en Colombia en este momento, se impondría el NO rotundo porque la oscuridad de Buenaventura, Tumaco y Caquetá, y el demencial derrame de petróleo en Putumayo que contaminó las fuentes hídricas, provocan en el ánimo de los colombianos un repudio total por los causantes de esos desafueros, que se reflejaría necesariamente en el resultado del referendo sobre el acuerdo que se suscriba en Cuba. Porque la gente se pregunta si estos hechos atroces ocurren sin que los responsables hayan llegado al poder, qué se puede esperar cuando lo alcancen.Si uno tuviera la cabeza caliente, creería que usted y sus hombres le están haciendo el juego político a los “enemigos agazapados de la paz” pues de esas acciones perversas, el asesinato de los soldados mientras dormían en un polideportivo en Cauca, el derribo de las torres de energía que dejaron sin luz a miles de personas, y el increíble desastre de Putumayo, son suficientes para darle sepultura al proyecto pacifista del presidente Santos.Vale la pena que lo piense. Métale lógica al asunto y no dilate el trámite en La Habana. La patria se lo agradecerá y aceptará laxitud al momento de aplicar la justicia transicional.

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