Carta a Gaviria

Carta a Gaviria

Junio 06, 2018 - 11:40 p.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Yo soy, señor expresidente, uno de los 399.180 liberales que votamos a De la Calle el 27 de mayo. Trabajé con denuedo en esa campaña: escribí artículos, hablé en noticieros, di declaraciones, eché discursos, todo ello a sabiendas de que el candidato del Partido Liberal navegaba en un mar proceloso, y que estábamos ante una derrota anunciada.

Usted es responsable de esa hecatombe, y es inconcebible que siga ahí, fresco, como director de una colectividad que atraviesa la más terrible crisis en sus 170 años de existencia, incluida la Violencia de mitad del Siglo XX.

Su actitud en la elección de Congreso ya mostraba su alejamiento del partido, pues se ausentó, no sin antes dejar los avales y las listas a Cámara y Senado que usted elaboró a su antojo, sin que yo logre claridad en eso de encabezar la lista de aspirantes a senadores con el representante Mauricio Gómez Amín, a quien fuera de su región nadie en Colombia conocía de su existencia. Este es uno de los 39 parlamentarios que lo autorizaron para que usted adhiriera a la candidatura de Iván Duque -léase Álvaro Uribe- en busca perversa de participación burocrática a partir del 7 de agosto, si ese caballero atado a las cuerdas del Gran Guiñol, alcanza el poder.

Permítame decirle que esos 39 congresistas no tienen autoridad para disponer de la suerte del Partido. Esos sujetos llegaron al Capitolio con los votos de más de 2 millones de liberales, y una vez elegidos no movieron un dedo para colaborar en la campaña de De la Calle, como era su deber, y por eso únicamente apareció la cifra atrás mencionada. ¿Es en esos tipos de los que usted deriva la fuerza política para hacer lo que hizo, de entregar el liberalismo a las voraces fauces de quien ha sido su más agresivo perseguidor de los últimos años?

El Partido Liberal -o lo que quedará de él después de su funesta dirección- puede hacer pactos políticos con el Opus Dei, con la Asociación de Mujeres Disolutas, con los Caballeros del Santo Sepulcro, con quien a usted se le ocurra, menos con Álvaro Uribe, y menos aún con su candidato, que si llega a la Casa de Nariño seguirá al pie de la letra el guión que le dicte el amo, y que por cuenta del soberbio antioqueño comenzará a cobrar sus facturas de odio, de rencor, todo a cargo de los liberales y de la gente de izquierda.

He vivido lo bastante para comprender -y eso lo sabemos todos los liberales, los dignos y los serpentinos- que su apoyo a Duque se fraguó antes de las elecciones, en un acuerdo repugnante con miras a la presidencial de 2022. No lo puede negar, es una verdad de a puño, y esos serviles a quienes usted les dio el aval para ser congresistas, ordenaron a sus bases votar por el que dijo Uribe. Hasta el más caído del zarzo lo entiende. Basta con comparar las cifras electorales.

Usted hubiera podido proponer la abstención, el voto en blanco, la libertad a la hueste liberal, menos la de unirse a esa fundamentalista derecha capitaneada por Uribe, a quien usted combatió con energía en las duras etapas del gobierno de la Seguridad Democrática.

Cualquier salida hubiese sido mejor que esta felonía, esta traición a una ideología, este desconocimiento de la larga historia de un partido que se la ha jugado toda por defender la libertad y la democracia en esta patria que nos tocó en suerte. Y si a usted algún resto de decoro le queda, renuncie a la dirección del liberalismo. Su conducta produce náuseas.

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