C. Ll. de la F.

C. Ll. de la F.

Noviembre 06, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Mi padre decía que más que liberal era ‘carlosllerista’, y yo heredé el mismo sentimiento pues desde niño observé que en mi hogar de Tuluá había gran admiración por el líder que en esa etapa atroz de la violencia enfrentó con valor suicida al Gobierno que intentaba liquidar al Partido Liberal.Los años más felices de mi juventud fueron los cinco en los que tuve la fortuna de ingresar al círculo familiar del doctor Carlos Lleras Restrepo. Iniciaba la carrera de Derecho en el Externado y fue para mí de inmenso beneficio intelectual participar de las conversaciones en el comedor de la casa de la Calle 70 A No.7-37, en donde vivía el futuro presidente de la República, con su esposa doña Cecilia de la Fuente, y sus hijos Clemencia, Carlos, María Inés y Fernando. Yo, estudiante de provincia y liberal cerrero, me sentía dichoso de estar cerca del personaje vivo más importante de Colombia.Terminada la carrera y ya participante activo en la política liberal del Valle, formé siempre en las filas del ‘llerismo’. Hice parte del comité que promovió la candidatura presidencial de Lleras Restrepo, y al llegar a la Cámara de Representantes voté afirmativamente la Reforma Constitucional de 1968, presentada por el Gobierno. Posteriormente apoyé sus pretensiones reeleccionistas de 1974 y 1978, en las que fue derrotado por Alfonso López Michelsen y Julio César Turbay Ayala, quienes se ‘amangualaron’ para ese propósito, que tanto daño causó a Colombia al impedir que volviera a la Presidencia el más grande estadista del Siglo XX. Lo anterior para decir que he sido amigo de Carlos Lleras de la Fuente desde hace 60 años, y siempre vi en él persona competente para aspirar a la Presidencia. Con ese convencimiento, siendo él embajador en Washington nombrado por Ernesto Samper, le escribí manifestándole que juzgaba oportuno el momento para su lanzamiento. Renunció al cargo y le organicé nutridas reuniones en Cali y Tuluá.En una entrevista resolvió atacar a Samper, y hasta ahí le acompañé pues no me parecía de buen recibo que agraviara a quien le había nombrado en la principal posición que tiene el servicio exterior. Nos cruzamos cartas y la amistad entró en receso hasta que un día nos encontramos en el Club Colombia y nos dimos cordialmente la mano.Al cumplirse cinco años del fallecimiento de Lleras Restrepo, Otto Morales Benítez me solicitó pronunciar conferencia en el Externado. Lleras de la Fuente, en ese momento director de El Espectador asistió, y después poco nos hemos visto.Con motivo de una columna que escribí para este espacio en la que hice algunos reparos a la Carta Política de 1991 -que no es dogma de fe-, en cuya aprobación intervino Lleras de la Fuente como delegatario a la Asamblea Nacional Constituyente, elegido de la lista patrocinada por Álvaro Gómez Hurtado, se le saltó el fusible y se dejó venir con una nota en la que reconoce que soy su colega y amigo pero me señala dos veces de ignorante. No sé si me cuenta entre la gente que pasa “de liberal a goda”, pero no quepo porque jamás he soltado el trapo rojo.La ignorancia constitucional que me atribuye C. Ll. de la F. me ha permitido lograr todas las cosas que he deseado en la vida, excepto una, así que para nada me inquieta ni mengua mi afecto y gratitud por este amigo que desciende, según sostuvo en reciente columna, de casi todos los próceres criollos.

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