Buena y mala

Julio 14, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

La buena noticia es el regreso de Eduardo José Victoria como columnista de este diario, del que se alejó por razones personales hace varios años. Siempre que lo encontraba le pedía que cogiera la pluma -perdón, el ordenador- para redactar esos escritos suyos con los que sus lectores nos deleitábamos semanalmente.Bien escritos y con ese humor que pocos saben manejar y que tuvo la brillante idea de compilar en libro algunas de sus mejores notas, dispensándome el honor de ser el presentador la noche del lanzamiento de ‘Paseo bugueño’, título que dio a la obra, y que hubiese sido imposible superar porque Eduardo José tiene como timbre de orgullo el haber nacido en la muy noble Ciudad Señora, a la que me ligan recuerdos gratísimos pues allí me desempeñé como juez de varios despachos al salir del Externado.No es fácil poner en negro sobre blanco un escrito humorístico pues las más de las veces se cae en el ridículo como muchos colegas que lo intentan en vano pues no provocan mínima sonrisa sino rechazo. En Colombia ha habido algunos columnistas que supieron sacar provecho de su vena graciosa. El más grande de todos, Lucas Caballero Calderón, quien por largos años sostuvo en El Tiempo y luego en El Espectador una columna casi diaria en que se burlaba de todo el mundo, especialmente de los políticos.Era un honor que Klim, el pseudónimo de Caballero, cogiera por su cuenta a cualquier personaje de la vida nacional. Su etapa más notable fue durante las oprobiosas épocas de las dictaduras de mediados del Siglo XX, en las que dos gobiernos establecieron censura de prensa, y Klim se las ingenió para que los censores no cayeran en la cuenta del latigazo que lanzaba a los detentadores del poder.Alfonso Castillo Gómez fue otro humorista destacado con su ‘Coctelera’ en El Espectador, y no hubo quien los reemplazara en los diarios capitalinos. Luis Noé Ochoa a veces acierta en ese campo. Eduardo José Victoria -y sé que le molesta el elogio- es de aquella estirpe de humoristas que más que carcajada mueven a sonrisa, y el fino humor que vierte en sus escritos también lo usa en la charla con los amigos, que lo queremos y admiramos por ser persona de excepcionales merecimientos y de una exitosa vida profesional. Me siento feliz de tenerlo de nuevo en estas páginas, y más ahora en que hay tanta gente amargada.***La mala es que El País dejó de publicar a Mafalda en la sección de avisos clasificados, y la caricatura semanal de Quino en Gaceta, la muy buena revista dominical del periódico.Soy ‘hincha’ -ningún término mejor para referirme a un argentino- de Joaquín Lavado, el autor de esa prodigiosa tira cómica que es Mafalda y de los increíbles dibujos humorísticos de página entera. Coleccioné estos últimos por muchos años, hasta que un día en Buenos Aires pude comprar ‘Toda Mafalda’ y ‘Esto no es todo’, unos libros inmensos que me causaron exceso de equipaje, que contienen las aventuras de la inteligente chica y las ocurrencias trazadas por el genial Quino.Mafalda y sus ‘parceros’ Susanita, Felipe, Manolito y Libertad, dejaron de existir por voluntad de su autor. Pero pueden repetirse siempre porque su humor desbordante es aplicable hoy pues cuando hablan sobre la guerra de Vietnam uno puede imaginar que es la de Siria porque las bombas son idénticas. Los admiradores de Quino pueden adquirir sus obras en la Librería Nacional.

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