Bernardo Martínez

Enero 30, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Se cumplen en marzo dos años de la muerte de Bernardo Martínez Sanclemente con quien estuve unido en fraterna amistad, siempre cálida y cordial a pesar de las diferencias abismales que nos separaban en política. Como hombre íntegro que era, Bernardo fue un godo de verdad, que es como a mí me gusta que sean los miembros de los partidos y no como esos tibios que hoy son y mañana no parecen, como algunos liberaluchos que andan de un lado para otro viendo cómo se van dando las cosas. Menos mal que el repunte rojo está de bulto y ya aquellos vacilantes están de nuevo arropados por la vieja bandera.Con Bernardo hicimos un pacto de no hablar de política pues ambos sabíamos de las posiciones irreductibles que los dos teníamos en el acontecer político nacional.Hace unos 25 años me dio por reunir en mi casa a un grupo de amigos que contestaba a lista todos los sábados. Bebíamos aguardiente a lo que daba el tejo, oíamos boleros y tangos a veces con intérpretes en vivo, y nos deleitábamos escuchando recitar a Bernardo Martínez que sabía de memoria infinidad de poesías que declamaba con la misma capacidad de un Víctor Mallarino o de un Fausto Cabrera. Desde Jorge Robledo Ortiz con sus bellos poemas de acento antioqueño hasta los más elevados aedas de la literatura hispanoamericana: Pablo Neruda, Federico García-Lorca, Guillermo Valencia, Antonio Machado, Octavio Paz, León de Greiff, en fin, podíamos escanciar botella tras botella pues Bernardo hilvanaba una poesía con otra hasta que el alba despuntara.Rodrigo Palacios Ochoa, uno de los asiduos asistentes, ya fallecido, rogaba para que Martínez arrancara con ‘Reír llorando’ pues el inolvidable Ropachoa asumía el papel de Garrick. Después pedía ‘El brindis del bohemio’, y entonces le faltaban pañuelos para enjugar las lágrimas.Pero aparte del regocijo que en esos convites nos causaba la memoria prodigiosa de Bernardo y su pecho inmenso de donde brotaba esa voz de alto registro, lo que yo más admiraba en este bugueño, sin títulos académicos, era su descomunal cultura adquirida a través de lecturas infinitas, desde los clásicos castellanos hasta los autores modernos.Fue amigo de mucha gente importante, no solo del Valle del Cauca sino de Colombia entera, como permanente contertulio durante su época bogotana, a mediados del Siglo XX, del Café Automático, en donde se reunía toda la intelectualidad capitalina. Por allí pasaron los hermanos Otto y León de Greiff, Juan Lozano y Lozano, Arturo Camacho Ramírez, Jorge Rojas, Jorge Zalamea, y a todos ellos les llamaba poderosamente la atención que el “búgamo” como le decía León de Greiff a Bernardo, tuviera en su cabeza tan vasto acopio literario pues se medía, de poder a poder, con esos altísimos exponentes de la inteligencia criolla.Otto Morales Benítez, por quien siento profunda admiración y afecto, fue íntimo amigo de Bernardo, y con ambos compartí momentos inolvidables.Su segunda esposa, mi paisana y amiga Yolanda Quintero Alzate, ha publicado hermoso libro que contiene lo mejor de la producción literaria de Bernardo, que en vida produjo dos tomos de “El humor colombiano” que son una verdadera delicia, uno de los cuales fue prologado por este escriba.Gracias a Yolanda por este aporte que sirve para mantener vigente la memoria del Bernardo Martínez, un vallecaucano que dejó estela intelectual que honra al departamento y nos llena de orgullo saber que fuimos sus camaradas.

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