‘Bello puerto de mar’

‘Bello puerto de mar’

Abril 25, 2018 - 11:40 p.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Tengo especial afecto por Buenaventura pues de chico mis padres me llevaban a esperar la llegada de los barcos de la Grace Line que traían familiares de Estados Unidos. Me sentía en el mejor de los mundos posibles porque el paseo iniciaba en autoferro de Tuluá a Cali y de aquí al puerto en el tren que al atravesar los túneles se llenaban los ojos de carboncillos.

Nos alojábamos, mientras sonaban las roncas sirenas de los buques, en el Hotel Estación, que a mí se me antojaba idéntico a los que veía en cine en el teatro Boyacá. No había diferencia entre ese edificio y aquel en el que Anna Karenina (Greta Garbo) y el conde Vronsky (Fredric March) se instalaron en Venecia cuando ella, por adúltera, tuvo que abandonar Rusia y los derechos sobre su único hijo. Sí, definitivamente, era el mejor regalo pues, además, mi padre conseguía permiso para subir a bordo a comprar ‘chucherías’ gringas y a tomar Coca Cola, bebida a la sazón desconocida en Colombia.

Luego, con el paso de los años, ingresé a la política y con frecuencia iba a perorar al ‘bello puerto de mar’, porque mi compañero en la Cámara era Néstor Urbano Tenorio, líder liberal de la región costera, y que se convirtió en mi amigo entrañable. Urbano redactó un proyecto de acto legislativo tendiente a convertir a Buenaventura en Distrito Especial, para que gozara de los privilegios que le daría esa categoría. Fui designado ponente, y varias veces viajé con Néstor al puerto para tener mejores fundamentos para la redacción de la ponencia, que resultó positiva. Fue derrotada porque no contó con la aprobación del Gobierno central. Años después, Buenaventura adquirió el nivel que quisimos darle con el acto legislativo fallido, pero sus dolencias siguen idénticas a las de hace 50 años, agravadas porque hoy tiene una población más grande y sus necesidades han aumentado. Con un balance peor: que varias administraciones locales se han convertido en cuevas de delincuentes que se alzan con los recursos públicos.

Han caído sucesivamente cuatro alcaldes, y algunos terminaron en cárcel. En la semana pasada Fiscalía y Policía detuvieron al actual burgomaestre, Eliécer Arboleda, acusado con varios funcionarios de su despacho y algunos contratistas de varios delitos con relación al desvío de cinco mil millones de pesos que han debido invertirse en la remodelación del hospital regional, que siempre vive en aulagas.

Pienso que los tremendos problemas del principal puerto del país pasan por la política, porque esta se encarga de promover candidatos que al llegar al despacho se dedican a estudiar la forma de saquear el erario. Es una vergüenza que personas de la misma raza condenen a la población mayoritariamente afrodescendiente a no contar con un centro de salud para atender sus graves padecimientos.

Con el carcelazo del actual alcalde se impone el nombramiento de una persona por encima de toda sospecha, de elevadas condiciones intelectuales y morales, que llegue a fumigar el despacho para quitar los olores nauseabundos que hoy lo invaden. A mi juicio ese hombre está al alcance del presidente Santos, que lo conoce suficientemente: Óscar Gamboa, un profesional que honra al litoral por sus ejecutorias tanto en Colombia como en el exterior, en donde cuenta con amistades de alto coturno, especialmente en Estados Unidos.

Ahí tiene, señor presidente, a Óscar Gamboa, que es el hombre preciso para el cargo preciso.

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