Asunto de Estado

Octubre 18, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Angelino Garzón ha sido la piedra en el zapato del presidente Santos desde el mismo día de la posesión de ambos, por una razón elemental, y es la de que el vicepresidente no ha podido entender que él solamente tiene una función por mandato constitucional, que es la de reemplazar al titular en sus faltas absolutas o temporales. Lo que sucede, es que su cargo surge de la Carta del 91 que suprimió la designatura para crear la Vicepresidencia pero olvidó darle qué hacer y por eso, los presidentes han tenido que inventarles ‘mandados’ para que justifiquen el salario.La figura de la designatura era excelente pues el elegido por el Congreso, con guiño presidencial, no ganaba sueldo y únicamente estaba disponible para el día en que por cualquier circunstancia le correspondiera instalarse en la Casa de Nariño. No sé de dónde ha sacado Garzón que él está llamado a ser el defensor de la democracia colombiana y el vocero de los humillados y ofendidos. Falso. No es defensor del sistema democrático, ni nadie le ha otorgado la vocería de los desheredados de la fortuna, pues en la posición a la que llegó con los votos de Santos -que no suyos- no representa ni a los sindicalistas que cada año discuten el incremento del salario mínimo.Mejor dicho, Angelino Garzón mientras no sea llamado a reemplazar al presidente Santos, es un particular: el particular Angelino, al que para infortunio del país se le frustró su aspiración de ser Secretario General de la OIT, que allí sí hubiese sido el intérprete de los trabajadores del mundo.Angelino, además, crea serios problemas en donde quiera que esté. Cuando fue Gobernador del Valle, encontró que el litigio por la doble calzada a Candelaria había sido arreglado por sus antecesores y que ya estaba fijada la suma que el Gobierno Departamental debía pagar al concesionario, y que por la terquedad y la politiquería de Garzón esa suma se triplicó, con grave desmedro de las arcas oficiales.Angelino aparece hoy como opositor del Gobierno, del que de alguna manera forma parte, y debe por lo menos ser leal con la persona a la que eventualmente está llamado a reemplazar, porque fue elegido en la misma fórmula electoral, y su historieta de que él es condueño de los nueve millones de sufragios depositados en 2010, no pasa de ser un despropósito.Le tengo aprecio a Angelino, pues es persona que a fuerza de tesón, ha alcanzado posiciones de renombre en Colombia y eso le obliga a tener un comportamiento menos grotesco como el que ha mostrado al país con sus quebrantos de salud, que soy el primero en lamentar. Su negativa a dejarse examinar por la competente comisión de médicos que le mandó el Senado por mayoritaria decisión de 70 votos contra cinco, es inexplicable, porque los colombianos tenemos el derecho de saber si el estado físico y mental del Vicepresidente, lo habilita para ocupar el solio presidencial en una emergencia, por ausencia definitiva o temporal del doctor Santos.Alegar que ese examen clínico equivaldría a un golpe de Estado contra Santos no pasa de ser una ridiculez que riñe con la dignidad del cargo que ostenta, y que dice mal de la capacidad cognitiva del cerebro del Vicepresidente, a quien vemos en la televisión en proceso de recuperación pero no con facultades suficientes para desempeñar la Presidencia. Ese es el punto en el que estamos y Angelino debe entender que su salud no es cosa suya y de su familia, sino un asunto de Estado bastante serio.

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