Andares

Agosto 04, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

En cierta ocasión un periodista le preguntó a John Ford –uno de los grandes directores del Siglo XX– qué era para él el cine, y contestó: “¿Usted ha visto caminar a Henry Fonda? Pues eso es el cine”. Yo que he visto tanto cine y leído tanto sobre eso que llaman Séptimo Arte, no conocía mejor definición porque, es verdad, si uno ve “Pasión de los fuertes”, dirigida por Ford en 1946 y protagonizada por Fonda, haciendo el papel de Wyatt Earp, que se convirtió en todo un clásico del “western” gringo, antes de que apareciera Sergio Leone con sus “western spaghetti” y su extraordinario Clint Eastwood.En la película citada atrás, los movimientos de Fonda, pausados y serenos, le dan a ese “oeste” una trascendencia que deja extasiados a los espectadores, y por eso es una de las obras maestras del cine.La había visto cuando se estrenó en Tuluá y ahora la conseguí en DVD. Una verdadera dicha ver caminar por las calles del pueblo hacia la taberna al gran actor, que no tuvo película mala. Años después filmó ese prodigio que es “Doce hombres en pugna”, dirigida por Sidney Lumet, y alcanzó el premio Oscar en dos oportunidades, por “Las uvas de la ira” en 1938 y en “La laguna dorada” en 1982, pocos meses antes de morir.No habrían alcanzado tanta fama si no hubiesen caminado como caminaban Cantiflas, Charles Chaplin y James Cagney, y hay que ver el susto que de niños pasábamos en el Teatro Boyacá de la tierra natal cuando Boris Karloff se desplazaba con sus inmensos zapatos hacia la víctima, interpretando el terrible Frankenstein, y si usted marca más de 50, recordará los pasos de Bela Lugosi con sus colmillos salientes próximos a llegar al cuello de la presa, por lo general una linda muchacha rubia que se había metido con su novio al castillo del conde Drácula en Transilvania.John Travolta también se las traía en eso del caminado al estilo de los “camajanes” de nuestra costa Caribe.Otro grande que marcó época con su modo de caminar en las películas fue Gary Cooper. Elegante, sin esfuerzo alguno y siempre del lado de la ley, Cooper se movía parsimoniosamente cuando iba al encuentro con los bandidos, como en esa joya “A la hora señalada”, en la que compartió créditos con una joven que iniciaba su triunfal carrera cinematográfica: Grace Kelly.Estoy seguro que sin Gary Cooper no habrían existido ni el nombrado Henry Fonda ni James Stewart, que fueron los precursores del género que luego inmortalizaría Clint Eastwood. Alguien me dice que ver caminar a Cooper en “A la hora señalada” y a Stewart en “La flecha rota” pagaba las boletas que nos vendía don Pepe Ángel, quien para los muchachos tulueños era el inventor del cine.John Wayne era otro de un modo de andar propio. Parecía que llevara un pesado fardo sobre sus hombros pues se balanceaba de uno a otro lado, con sus brazos recogidos a la altura del pecho, pero eso sí, la diestra presta a sacar el revólver.Y en cuanto a las mujeres, hay que ver la escena en la estación de tren en la que Billy Wilder el director de “Una Eva y dos Adanes” puso a caminar a Marilyn Monroe con una falda ajustadísima. Cuentan que el genial director la obligó a usar uno de los tacones más bajo que el otro para provocar ese “contoneo” único e irrepetible en el cine.Quiere todo lo anterior decir que es cierto el verso del poeta español cuando sostuvo que “se hace camino al andar”.

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