Adelante, Presidente

Octubre 06, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Desde luego, me desconcertó el resultado del plebiscito porque como vi el arduo trabajo que adelantaron los promotores del Sí en todo el país, consideré que era imposible que perdiera esa opción, que encerraba la esperanza de tantos que como yo no hemos gozado sino instantes de paz en esta convulsionada patria.Cuando conocí los datos finales, sufrí tremendo desasosiego pues la continuación de la guerra me parecía atroz. Pero ahí surgió Juan Manuel Santos quien sacó a relucir su mejor talante de estadista, no sólo al reconocer la derrota de su principal iniciativa gubernamental, sino al decirle al país que él continuaría preservando el orden público, que seguiría el cese bilateral del fuego, y que convocaría a todo el espectro político, oposición incluida, para buscar la mejor salida de la encrucijada en que quedó Colombia por cuenta de la victoria del No.Álvaro Uribe Vélez no es un improvisado en política pues ha estado en ella por treinta años y ha sido de todo a lo que pueda aspirar quien se dedica a esa actividad: director de Aerocivil, concejal de Medellín, gobernador de Antioquia, congresista y presidente de la República en dos períodos, de 2002 a 2010. Es hombre inteligente y comunicador eficaz, que ha logrado echarse al bolsillo a la áspera derecha criolla y a vastos sectores de la alta burguesía que ven con horror cualquier asomo de la izquierda al panorama nacional. Por eso es normal que Uribe ahora ande tomado de la mano de un protogodo como es Alejandro Ordóñez.Es de esperar, por la responsabilidad inmensa que ha caído sobre los hombros de Uribe que, consecuente con su sensata declaración del domingo electoral, atienda el llamado del presidente Santos de reunir a todas las fuerzas políticas para darle nuevo impulso a la negociación que se logró en Cuba, con algunos ajustes.A Uribe le llegó la hora de dejar de ser camorrista, bajarle intensidad a su odio por Santos e ingresar a la mesa en que se discutirá la fórmula para continuar el proceso de paz con las Farc, y la iniciación del que viene con el ELN. Lo primero que debe pensar el líder antioqueño es que no puede haber inamovibles en sus ideas, como esas de proponer cárcel con barrotes a los miembros del Secretariado y la negativa de elegibilidad política.En los demás temas cabe poner tuercas y tornillos, y si todos convienen en que la única salida es la convocatoria de una Asamblea Constituyente, pues hagámosla y que allí el pueblo a través de los elegidos disponga lo que mejor convenga a Colombia.Pasado el malestar inicial pues yo no creo como Maturana que “perder es ganar un poco”, juzgo que hay una cosa positiva en el resultado del domingo: que sin ‘retoque’ al Acuerdo de La Habana, Uribe y sus lugartenientes habrían hecho imposible la escena política nacional, con gravísimas implicaciones en la tranquilidad ciudadana. Y porque para mí, se abre la oportunidad de volver a socializar con mis amistades uribistas, que se habían vuelto insufribles pues se sentían centuriones romanos tras la toma de Cartago, no la de aquí sino la de África.Con espíritu sosegado, Uribe, Santos y las Farc pueden alcanzar al fin la paz que todos anhelamos. Naturalmente, hay que mermarle beligerancia a escritos y discursos porque voces como la de la representante María Fernanda Cabal quien el domingo se sentía Lady Macbeth, poco ayudan a la reconciliación.Adelante, Presidente.

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