¿A qué juega Uribe?

¿A qué juega Uribe?

Noviembre 13, 2014 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Mi admirado amigo Mauricio Cabrera forma conmigo la pareja de columnistas liberales que con mayor energía agita la enseña roja en los espacios que generosamente nos ha abierto este periódico, que muchas veces sostiene en sus editoriales conceptos diferentes a los nuestros. Esa es la libertad de opinión, que es uno de los derechos del hombre consagrados desde la Revolución Francesa, y traídos aquí por don Antonio Nariño.Siempre he sostenido que El País es uno de los diarios más tolerantes de Colombia porque da cabida a columnas escritas por diversos actores del acontecer político nacional. Es increíble, para abundar en este reconocimiento, que yo llevo 38 años escribiendo semanalmente esta “Zona Franca” y jamás ha sido “colgada”, y vaya si he escrito notas urticantes.En reciente columna, Cabrera Galvis se pregunta, refiriéndose sin nombrarlo al ex presidente Uribe “¿Cuáles son los motivos por los que una persona llega a convertirse en mitómano y mentiroso consuetudinario?”. Y le surge otra inquietud: “¿Qué impele a un personaje público a mentir inventando hechos sin pruebas ni sustento?”.La respuesta a esos interrogantes es sencilla, estimado Mauricio. Basta con decir que el senador Álvaro Uribe Vélez tiene una obsesión que le ha hecho perder el equilibrio emocional, y es el odio que siente por Juan Manuel Santos, a quien él juzga que lo traicionó al declararse suelto del lazo que los unía, el 7 de agosto de 2010, y las decisiones sobre búsqueda de la paz con las Farc, y el restablecimiento de relaciones cordiales con los gobiernos de Venezuela y Ecuador, con los que estuvimos a un paso de la guerra.Esa obsesión, que ya debería ser materia de sesudos análisis psiquiátricos, lo lleva a convertirse en un mitómano que monta unas falacias en las que ni él mismo cree, porque sabe que no son más que eso: mentiras. Así, cuando afirmó que a la campaña presidencial de Santos en 2010 ingresaron dos millones de dólares provenientes de la mafia del narcotráfico, y que iba a formular la denuncia. Pura paja. No fue a la Fiscalía porque no le daba garantías, según él. Lo hizo ante su aliado el Procurador, que no es funcionario judicial ni puede investigar actos criminales.Siempre que le ponen un micrófono al frente o una cámara de televisión afirma que Santos es un agente del castrochavismo y que va a entregar a su amada patria maniatada a la guerrilla, con la que torticeramente negocia en La Habana, en donde también le obsequiará 20 millones de hectáreas para que Timochenko y sus obesos compinches se dediquen a la agricultura y ganadería. ¿Habráse visto tamaño despropósito? Porque calumniar a Santos de comunista es como tildar de nazi al papa Francisco.Naturalmente, Uribe tiene audiencia y una corte fanática de seguidores que creen todo lo que el desaforado expresidente grita. Tengo amigos uribistas con los que ya es imposible hablar porque han hecho suyas todas las patrañas del amo, y cuando uno tímidamente dice que Uribe también pretendió establecer conversaciones con “lafar”, se encabritan y exclaman que esos son inventos del Gobierno.Uribe no está actuando en bien del país. Quiere que el proceso de paz fracase para que la Unidad Nacional se hunda en los próximos comicios y que él logre regresar al poder, mediante una reforma de la Carta que restablezca la reelección. Por eso todos los días suelta una mentira diferente.

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