A los toros

Diciembre 22, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

El domingo, con la novillada con picadores en la que actuarán un mexicano, un venezolano y un colombiano, con encierro de Salento, se dará inicio a la temporada taurina, que promete ser de las mejores que se hayan dado en Cañaveralejo.Con esfuerzo, y alto riesgo económico si la gente no responde, el consejo directivo de la Fundación Plaza de Toros de Cali y su presidente Eduardo Estela Garrido han programado nueve festejos muy atractivos para la afición, pues a la arena de la linda plaza saldrán las primerísimas figuras de la torería, y el mejor rejoneador del mundo, Pablo Hermoso de Mendoza.Los españoles Daniel Mora, Uceda Leal, Daniel Luque, Iván Fandiño, Miguel Abellán y el mexicano Arturo Saldívar. Los colombianos Luis Bolívar, Paco Perlaza, Juan Solanilla, Santiago Naranjo, Pepe Manrique, Ramsés, Ramiro Cadena y José Fernando Alzate, todos con ansias de triunfo, y aspirando a llevarse el trofeo ‘Señor de los Cristales’. Que haya suerte, matadores.No es fácil la tarea de armar una temporada de toros como la que habrá en Cali en esta oportunidad, pues ciertamente a la fiesta le han salido enemigos grandes, empezando por quienes pregonan que debe acabarse por el sufrimiento del toro, y hasta en los colegios se adelantan movimientos tendientes a que los infantes no vayan a las plazas, y muchas personas pretenden elevar a norma legal la prohibición de las corridas, con olvido de que los toros de lidia nacieron para ser muertos en la arena y que ellos encarnan una tradición milenaria que iniciada en la Madre Patria se irrigó por sus colonias de ultramar y pervive en México, Colombia, Venezuela, Ecuador y Perú.Hay infinidad de personas que derivan la subsistencia del toro bravo: los toreros, los subalternos, los empleados de las plazas, los que fabrican monteras y capotes, los que imprimen la boletería, en fin, son legión los que aseguran su sustento de la fiesta. Curiosamente, los que menos ganan son los ganaderos, pues ese es un negocio no rentable y menos en un país como Colombia en el que las dehesas, o cabañas de bravo como les dice mi querido amigo Mario Posada en su ameno libro ‘Torerario’, están casi todas en zonas de violencia a las que los propietarios no pueden ir y tienen que comunicarse por celular con sus caporales.El cuido y el seguimiento veterinario que demanda un toro en los cuatro años que transcurren desde su nacimiento hasta que la espada hiende su morrillo valen suma astronómica que muchas veces no se compensa con lo que reciben los ganaderos por las reses que venden para ser toreadas en las distintas plazas del país. Es por pura afición que los ganaderos insisten en mantener ese ‘cañazo’, pues ahora ya ni prestigio social otorga.La afición de Cali que hasta hace pocos años se volcaba sobre las taquillas y los abonos eran insuficientes frente a la demanda, ya no aparece y solo los buenos aficionados compran las boletas. Como se terminó la cultura del abono, la empresa no puede saber con cuánto dinero cuenta para afrontar los compromisos que hay que cancelar así la plaza esté vacía.Esta temporada servirá para saber si en Cali habrá corridas de toros en los años venideros porque un desastre financiero al cierre del balance traerá como consecuencia que ni la Fundación, ni la sociedad anónima arrendadora, ni nadie, se atreva a programar una temporada con carteles de alto valor como los que veremos en esta oportunidad.

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