40 años aquí

opinion: 40 años aquí

En estos días ajusté 40 años de escribir esta columna para El País, y me parece que fue ayer cuando Jorge Arturo Sanclemente y Beatriz López, al terminar una entrevista política que me hicieron y publicaron con gran despliegue, me invitaron a colaborar en las páginas editoriales.

40 años aquí

Julio 05, 2017 - 11:40 p.m. Por: Jorge Restrepo Potes

En estos días ajusté 40 años de escribir esta columna para El País, y me parece que fue ayer cuando Jorge Arturo Sanclemente y Beatriz López, al terminar una entrevista política que me hicieron y publicaron con gran despliegue, me invitaron a colaborar en las páginas editoriales.

Yo había tenido alguna experiencia de esa actividad cuando fundado el periódico El Pueblo en 1974 y designado Marino Renjifo como director, su propietario Luis Carlos Londoño, quien invirtió parte de su patrimonio en esa aventura, me propuso ser subdirector del diario. Por circunstancia personal no pude aceptar el ofrecimiento de quien había sido uno de los más próximos amigos de mi padre, pero convine en escribir una columna semanal, como en efecto lo hice hasta que Renjifo se retiró de la dirección por cualquier razón política.

La entrevista con los dos distinguidos periodistas fue a mediados de 1977, y de ahí surge mi vinculación a este periódico, vieja ya de cuatro décadas, en las que, sin faltar ni un sólo jueves, ha aparecido ‘Zona Franca’, sin que jamás la dirección haya ordenado ‘colgar’ una columna, lo que dice bien de la tolerancia de sus mandos, más notoria en mi caso que, casi siempre, he asumido posiciones contrarias a la de su línea editorial.

Esto último lo digo porque no es fácil hallar ejemplo similar al de un columnista que sea sostenido durante cuarenta años con escritos semanales en un periódico de la importancia de este, con absoluta libertad para expresar sus opiniones.

Ha sido ‘Zona Franca’ una columna de contenido político por lo general, como lo saben sus lectores. Para ser más sincero, diría que es un espacio liberal, no sólo en el aspecto político propiamente dicho, sino en el más amplio, de filosofía liberal, de la que se nutre mi partido y a la que he procurado ser fiel a lo largo de una vida al servicio de ese ideario.

Siempre he sido liberal, con un profundo orgullo de pertenecer al partido del trapo rojo. Nací en el seno de una familia inextricablemente ligada a esa colectividad, y creo que el primer retrato que vi frente a la cuna fue la fotografía de la mascarilla que se le tomó al rostro de Rafael Uribe Uribe cuando fue asesinado el 15 de octubre de 1914. Mi abuela paterna era prima hermana del General y yo heredé la admiración por el “Apóstol, Paladín y Mártir”, como dice la leyenda en el monumento que en su memoria se erigió en Bogotá.

He expuesto aquí mi pensamiento sobre la política nacional. A veces eso de ser consecuente con lo que pienso me crea malquerientes, pues en Colombia se censura a la persona que piensa diferente de otra. Sin embargo, jamás he apelado ni al insulto ni al agravio, y nunca se me pudo acusar de haber herido a alguien con las notas publicadas. No reconozco enemigos sino contradictores. Infortunadamente en nuestro país ya no se contradice sino se maltrata a quien está en acera opuesta. Al llegar a esta efeméride y observar la rapidez del transcurso del tiempo, vuelvo atrás la mirada y me veo entregando la primera columna para el periódico. Mucho han cambiado el país y El País, que en esos años se convirtió en uno de los grandes diarios nacionales.

Gracias a quienes me abrieron las puertas entonces y a quienes aún las mantienen abiertas. Y gracias a los lectores, los que comparten mis ideas y los que las rechazan pues ambos son los pilares que sostienen a los columnistas.

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