2016

Enero 07, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Tengo la certidumbre de que este será el año de la paz, que en los largos años de mi vida ha sido tan esquiva, y que solamente en cortos espacios de tiempo los colombianos han podido “pescar de noche”, como quería para sus compatriotas ese prócer liberal que fue Darío Echandía, quien jamás busco un honor y los tuvo todos.Es posible que el 23 de marzo próximo, tal como lo convinieron el presidente Santos y el jefe de las Farc, ‘Timochenko’, en La Habana, se suscriba el texto que contiene el tratado de paz, cuyos términos serán puestos a consideración del pueblo para que en plebiscito que será convocado por el Gobierno, diga Sí o No.A propósito, es bueno recordar a los furiosos críticos del plebiscito que si para ellos lo convenido entre las partes negociadoras es inconveniente para Colombia, pues que en la fecha señalada para la jornada plebiscitaria, se pronuncien negativamente. De imponerse el No sobre el Sí, caerá todo lo que se hizo en Cuba, y aquí continuará la guerra. Así de sencillo. Basta que los adversarios voten masivamente por la negativa “paque se acabe la vaina”, como canta Carlos Vives.Yo soy de los que votaré por el Sí, porque estoy hastiado de tanta violencia que he visto en lo que lleva mi deambular por el mundo. La confrontación de conservadores y liberales entre 1947 y 1957 causó 300.000 muertos según la Comisión para el Estudio de las Causas de la Violencia, publicado en 1958. Y esta de ahora, que ya cumplió 52 años, arroja un saldo de 280.000 muertos como afirma la Comisión de Memoria Histórica. Nadie puede explicarse que una nación que se dice civilizada muestre a la comunidad internacional esas horripilantes cifras de sangre derramada entre hijos de un mismo suelo.No vale el argumento de que la paz que hoy se busca debe ser por consenso, es decir, que lo que salga de La Habana cuente con el acatamiento general de los colombianos. Eso es imposible porque las posiciones son irreconciliables. Los opositores a los diálogos en Cuba, creen que la guerrilla -cualquiera que sea- debe ser sometida por la fuerza de las armas y una vez rendida, convenir un pacto en el que los líderes insurgentes purguen largas condenas en las cárceles por sus crímenes, y resarzan a las víctimas.Quienes tal tesis defienden están en todo su derecho y así podrán expresarlo en el plebiscito. Si logran echar por tierra lo que firmen Humberto de la Calle y ‘Timochenko’ pues simplemente quedan en la obligación de decirnos a los demás colombianos cuál será el paso a seguir, cuál la estrategia de combate, cuáles las consecuencias sociales, políticas y económicas de continuar esta lucha anacrónica, que no tiene ni pies ni cabeza, cuando tenemos en las manos la posibilidad de ensayar la convivencia. “Trial and error”, dicen los anglosajones, que yo me atrevo a traducir “ensayo y error”. Ensayemos la paz, hagamos un alto en esta guerra estúpida, y démosles a las generaciones futuras una Colombia sin el estallido de las bombas y sin el tronar de los fusiles, tanto los que disparan los guerrilleros como los que disparan las armas oficiales. Si caemos en error pues quiere decir que el destino nacional es echar bala.Álvaro Uribe Vélez le haría inmenso servicio a la patria que él invoca en todas sus intervenciones públicas, siendo propositivo con esta paz que se vislumbra en Cuba y aportando sus luces y su liderazgo para alcanzarla.Feliz año para todos.

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