2012

Enero 05, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Restrepo Potes

Pasó 2011 y llega 2012, al que veo con optimismo porque intuyo que será el año en el que Colombia alcanzará la paz con las Farc, lo que permitirá que el Estado dedique el presupuesto de defensa a combatir los otros fenómenos delincuenciales que azotan las ciudades, con homicidios y robos a mano armada que nos tienen al borde de un ataque de nervios, pues ya da temor salir de noche a comprar aspirina en la farmacia.Si yo tuviera audiencia con ‘Timochenko’, nuevo líder de ese grupo guerrillero, le diría, con Bolívar, que la gloria reside en ser grande y ser útil, y que él pasaría a la historia si se sienta con Juan Manuel Santos a suscribir el acuerdo para la desmovilización de su tropa. Estoy seguro de que la sociedad colombiana respaldaría en ese propósito al Presidente, si la insurgencia da prueba fehaciente de su voluntad de paz.Quien esto escribe no ha visto un solo día de paz desde 1947, cuando se prendió la mecha de la violencia política que sólo se detuvo en el corto lapso del Frente Nacional. Pero ese recorte de la competencia partidista dio lugar a que los partidos perdieran identidad y a que las urgencias populares desatendidas produjeran la creación de grupos armados que con el pretexto de las reivindicaciones sociales se fueron convirtiendo en asociaciones terroristas vinculadas al narcotráfico, que acabó por deslegitimarlas.Como el Estado tuvo que enfrentar ese flagelo, descuidó la seguridad en las ciudades y son noticias diarias el asesinato, el ‘fleteo’, el secuestro extorsivo, en fin, todos los delitos contemplados en el Código Penal. Por eso los colombianos, como se vio en la marcha del 6 de diciembre, clamamos porque cese esta orgía sangrienta que acabará con el país, pues de qué sirve crecer al 5% si la gente vive con el Credo en la boca, temerosa de que algo suceda en sus familias.Pienso que no es con mensajes, como el destemplado del jefe guerillero al Presidente, como se arregla el asunto. Es con voluntad política del uno y del otro que les permita iniciar una mesa de diálogo, con tiempo definido, y sin despejes absurdos, en que se diga hasta dónde los colombianos estamos dispuestos a llegar –y a ofrecer- para que tengamos la patria amable que otrora fue.Una persona de la sensibilidad social de Juan Manuel Santos, que es un amigable componedor como lo demuestra la recomposición de las relaciones con Venezuela y Ecuador, es la indicada para convencer a ‘Timochenko’ y a sus milicias urbanas y rurales que 2012 es el año de la paz, y que si se deja pasar esta oportunidad, Colombia estaría condenada a otros 50 años de guerra que a nada conducen, porque sobre un país destrozado nada pueden lograr las Farc, en el imposible sueño de su triunfo bélico, pues jamás llegarán al poder por esa vía. Las puertas del acuerdo las tiene abiertas el Jefe del Estado, y ellos deben ver en los ejemplos de Antonio Navarro y Gustavo Petro, que la democracia permite acceder a los altos cargos sin necesidad de usar la violencia fratricida.Apostémosle a la paz. Apoyemos las iniciativas oficiales en ese sentido, que contarán con el marco jurídico que será aprobado pronto por el Congreso, y roguemos a Dios para que ilumine a todos los ‘comandantes’ insurgentes y a los comandantes de las Fuerzas Armadas, y les haga ver, como dirían Pambelé y Maturana –grandes filósofos criollos– que es mejor vivir en paz que morir en guerra.

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