Trump(etazos)

Junio 28, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jorge Ramos

Donald Trump ya ganó. Ya es el número uno. Se ha convertido, rápidamente, en el hombre más odiado para muchos mexicanos y latinos en Estados Unidos. Trump desbancó de ese deshonroso lugar al sheriff de Arizona, Joe Arpaio -acusado por el gobierno federal de arrestar inmigrantes solo por su aspecto físico- y a la escritora conservadora Ann Coulter - quien recientemente dijo que los inmigrantes mexicanos eran tan peligrosos como los terroristas de ISIS. “Cuando México envía su gente (a Estados Unidos)”, dijo Trump al anunciar su campaña la semana pasada en Nueva York, “no están enviando a los mejores... Están enviando a gente que tiene muchos problemas y están trayendo esos problemas con nosotros. Están trayendo drogas. Están trayendo crímenes. Son violadores. Y algunos, supongo, son gente buena”. La declaración de Trump es errónea, está llena de prejuicios étnicos y demuestra una enorme ignorancia sobre los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos. Trump no sabe lo que está diciendo. Son puros ‘trump(etazos)’ sin ninguna base en la realidad. La gran mayoría de los 33,7 millones de personas de origen mexicano que había en Estados Unidos en 2012, según el Pew Research Center, no son narcotraficantes, criminales ni violadores, como sugirió Trump. Al contrario: 570 mil negocios de inmigrantes mexicanos en Estados Unidos generan más de 17 mil millones de dólares al año, según cifras del gobierno de México. Esos inmigrantes que envía México a Estados Unidos -11,4 millones - y que, según Trump, no son los “mejores”, han construido sus edificios, cosechan la comida que lo alimenta y han contribuido a su enorme fortuna (calculada en más de cuatro mil millones de dólares por la revista Forbes). Es una hipocresía de Trump criticar a los mexicanos y, al mismo tiempo, beneficiarse de su trabajo. En los últimos meses visité su hotel en El Doral, en Florida, y el Trump International Hotel and Tower, en Nueva York, y muchos de los extraordinarios empleados que me atendieron son mexicanos. ¿Qué pensarán esos empleados de su jefe? ¿Por qué habla de los mexicanos con tanto odio? A Trump, que tanto le gusta poner retos en su programa de televisión, ‘The Apprentice’, le propongo el siguiente: pase un día -uno solo- sin sus empleados mexicanos y latinos. No podría. Sus negocios se paralizarían. Un día sin mexicanos pararía al imperio Trump. Es increíble que un empresario tan exitoso como Trump no comprenda la importancia del mercado latino y de los méxicoamericanos (que conforman el 65 por ciento de la población hispana). El mercado hispano genera más de 1,2 trillones de dólares al año. Los latinos conforman la decimocuarta economía más grande del mundo (según el Celig Center de la Universidad de Georgia). A Trump le urge un curso de historia y economía... o una visita a las cocinas, sótanos y elevadores de servicio de sus propios hoteles. Trump también propuso la absurda idea de cerrar las 1.954 millas de frontera con México. “Yo construiría una gran muralla”, dijo, “y nadie construye muros mejor que yo”. Pero sería un desperdicio de tiempo y dinero. Casi el 40 por ciento de todos los indocumentados llegan por avión; vienen con visa y luego se quedan. Ninguna muralla construida por Trump podría parar eso. Además, ¿para qué quiere Trump una muralla cuando el número de mexicanos indocumentados detenidos en la frontera sur ha bajado de 1,6 millones en el 2000 a 229 mil en el 2014? Es la cifra más baja en cuatro décadas, según Pew. Trump, al criticar a los mexicanos, olvida que muchos de ellos han dado sus vidas en las guerras de Estados Unidos. Basta ver la lista de soldados caídos en los conflictos de Iraq y Afganistán. Están llenas de apellidos hispanos. Esos mexicanos, a quien Trump equiparó con criminales, aquí les llaman héroes. Trump no comprende que hablar así es peligroso. Las palabras importan. Es un terrible ejemplo que un candidato presidencial destile tanto odio contra un grupo étnico. Otros podrían imitarlo o, peor aún, tomar acciones violentas. Es muy preocupante, también, que casi todos los candidatos presidenciales de ambos partidos políticos se hayan quedado callados ante los venenosos, difamatorios e ignorantes comentarios de Trump. Es un silencio doloroso. Supongo que son cálculos de campaña. Pero si Trump creía que con sus prejuiciadas declaraciones iba a conseguir votos, se equivocó. Al contrario. Ya perdió el voto latino y, por lo tanto, la Casa Blanca. Está despedido.

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