Singapur

Singapur

Enero 15, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Ramos

Todo sorprende de Singapur: su limpieza, su orden, su seguridad y su arquitectura. Para aquellos de nosotros provenientes de regiones menos organizadas este país también destaca como uno de los menos corruptos y más desarrollados del planeta.Singapur no es, precisamente, ejemplo de democracia y de respeto a la libertad de expresión, pero de eso hablaremos un poco más adelante.Desde la rueda de la fortuna más grande del mundo (Singapore Flyer), pude apreciar el espectacular centro cultural al lado de una bahía invadida de pelotas blancas que se vuelven multicolores en las noches, y los edificios más ambiciosos. Estamos hablando de una sociedad multicultural con tres cuartas partes de origen chino, y el resto malayo y de la India, donde las tensiones raciales, religiosas y étnicas están bajo control. Aquí viven y conviven budistas, musulmanes, hinduistas, taoístas y cristianos.De entrada, como mexicano en esta ciudad-estado de 5 millones de habitantes, la pregunta es si México pudiera aprender algo de los singapurenses para controlar la violencia y la corrupción, y para crecer rápida y ordenadamente.Escribo esto poco después de enterarme que casi 12.000 mexicanos fueron asesinados el año pasado como resultado de la violencia del narcotráfico, que ha causado más de 50.000 víctimas mortales desde que el presidente Felipe Calderón ascendió al poder y emprendió una fallida guerra contra sus líderes. También he leído que, una vez más, el Gobierno mexicano no cumplió su promesa de crear un millón de empleos al año.Durante mi visita a Singapur estuve pensando en qué lecciones podría enseñar esta sociedad a la nuestra. ¿Podría México poner fin a la violencia rampante de las drogas y controlar su corrupción generalizada? ¿Podría México crecer económicamente en forma rápida y ordenada como lo ha hecho Singapur?Comprendo las vastas diferencias entre estas dos naciones. Singapur es una isla diminuta, en tanto que México cuenta con 113 millones de habitantes y comparte una frontera de casi 2.000 millas con Estados Unidos, el mayor mercado mundial para las drogas ilegales. No obstante, Singapur parece prosperar con su estricta devoción al orden y a la limpieza y ha desarrollado una cultura nacional vehementemente opuesta a cualquier forma de corrupción. Pocos ciudadanos están dispuestos a violar una regla, dado que hacerlo sería no sólo ilegal, sino además muy mal visto. Esta cultura ha rendido frutos en diversas formas. Transparencia Internacional clasificó a Singapur como el país menos corrupto del planeta en 2010 (empató con Nueva Zelanda y Dinamarca). En 2011, Singapur ocupó el quinto lugar en la lista, en tanto que México quedó colocado en el poco honroso lugar 100 de 178 países.Y, pese a una declinación económica global, Singapur sigue siendo una joya financiera. Desde que obtuvo su independencia en 1965 no ha dejado de desarrollarse. Su economía creció a un ritmo increíble de 14,5% en 2010 y el Banco Mundial lo clasifica como el país en el que es más fácil hacer negocios.A nivel de seguridad, tras el secuestro de un avión de Singapore Airlines en 1991 y la ejecución en una operación de rescate, se han incrementado las medidas antiterroristas. La efectividad de las fuerzas armadas, un estricto sistema judicial que usa y a veces abusa de la pena de muerte y de castigos desproporcionados, según Amnistía Internacional, y una sociedad que acostumbró a no confrontar a la autoridad han reducido el crimen a su mínima expresión. En Singapur las autoridades son particularmente duras contra los sospechosos de narcotráfico, aunque el Gobierno no da cifras oficiales de ejecuciones.Singapur es, en nombre, una democracia parlamentaria. Un solo Partido ha controlado el Gobierno, la oposición es poca y con mínima representación en el parlamento unicameral. Los medios de comunicación están subordinados al Gobierno por lo que Reporteros Sin Fronteras considera a Singapur como una de las naciones con menos libertad de prensa del mundo. Es un Estado autoritario. El extraordinario éxito de Singapur ha tenido un costo en las libertades individuales.La mano dura de los gobiernos singapurenses ha dado lugar a una sociedad que funciona, pero donde hay poco espacio a las voces disidentes. ¿Es ese el único camino? Desde luego que no. Pero no hay ninguna indicación de que el “experimento Singapur” vaya a cambiar de rumbo.¿Qué, entonces, puede aprender México de Singapur? Puede empezar desarrollando una sociedad que tenga una tolerancia cero a la corrupción. Eso, más la creación de empleos con un salario razonable, mayores recursos para la educación y el desarrollo de una economía fuerte, requeriría décadas de esfuerzos. Después de todo, Singapur necesitó 35 años para alcanzar su éxito. Pero una economía mejor y niveles más altos de educación significan también menos criminalidad.Si una isla pequeña, prácticamente sin recursos naturales, puede triunfar, no hay razón alguna para que México, un país miles de veces más grande y con abundantes recursos naturales, no pueda hacer lo mismo.

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