¿Puede alguien juzgar a Trump?

Junio 19, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Ramos

Nadie sabe realmente qué hay dentro de la cabeza de Donald Trump. Pero sí sabemos qué es lo que sale de su boca. Y lo que salió hace poco es “la definición de lo que es un comentario claramente racista”, según dijo el líder del Congreso estadounidense, el republicano Paul Ryan.Seamos claros. Es racismo cuando se rechaza, discrimina o descalifica a alguien por el simple hecho de pertenecer a un grupo étnico o racial. Punto. Y eso es exactamente lo que hizo Trump al decir que el juez Gonzalo Curiel -nacido en Indiana de inmigrantes de México- no podía ser imparcial en un caso judicial -que involucra a la Universidad Trump- por su “herencia mexicana”. Según el torcido y falso argumento del candidato republicano a la presidencia, el juez Curiel tiene un conflicto de interés. Trump no ve cómo un latino puede ser justo con él después que anunció que quiere construir un muro entre México y Estados Unidos.Las prejuiciadas declaraciones de Trump me recordaron una entrevista que le hice en el 2013 a la juez de la Corte Suprema de Justicia, Sonia Sotomayor. “Hay mucha gente que cree que el latino no tiene la capacidad de hacer las cosas bien”, me dijo en español. Y luego me dio su fórmula para enfrentar a los racistas: “No me dejé discriminar”.En política nada es coincidencia. Trump, en unos pocos días, criticó públicamente a cuatro hispanos prominentes: al juez Curiel, a la gobernadora republicana de Nueva México, Susana Martínez, y a los periodistas Tom Llamas de la cadena ABC y Jim Acosta de CNN.Los ataques de Trump no se han limitado a los hispanos. En una entrevista con la cadena CBS, dijo que “sería posible” que un juez musulmán también estuviera prejuiciado en su contra debido a su propuesta de prohibir la entrada a Estados Unidos a 1.600 millones de musulmanes en el mundo. Aparentemente, no quiere que jueces de origen mexicano o musulmán lo juzguen. Eso se llama discriminación.Trump se está quedando solo en este asunto. Ryan dijo que sus comentarios eran “absolutamente inaceptables”. Y el líder del Senado, Mitch McConnell, dijo a NBC que “no podía estar más en desacuerdo”, en las palabras de Trump. Sin embargo, la gran contradicción de estos líderes republicanos es que los dos han dicho que votarán por Trump. No dejan de sorprenderme los políticos que hacen verdaderos malabarismos verbales criticando el racismo de Trump pero manteniéndose fiel a su candidato.Los comentarios racistas de Trump están creando un verdadero dilema moral entre los republicanos y los votantes independientes: si votas o apoyas a un candidato que hace comentarios racistas, ¿qué dice eso de ti como persona? Trump, desde luego, se ha metido en serios problemas con sus controversiales declaraciones en el pasado y siempre ha salido adelante. No dudo que este sea también el caso. Dirá, como suele decir, que no dijo lo que dijo o que lo malinterpretaron. Pero todo se lo pudieran cobrar el 8 de noviembre, el día de las elecciones.“Amo a la gente mexicana”, ha dicho Trump en sus discursos y él cree que le va a ir bien con los hispanos el día de la votación. Pero, muchos latinos no lo quieren. Solo el 20% de los votantes latinos lo apoyaría, según una encuesta de NBC y el Wall Street Journal. Eso es menos que el 27% que obtuvo Mitt Romney en el 2012 y menos que el 31% de John McCain en el 2008. Y los dos perdieron la presidencia. Los 27 millones de hispanos elegibles para votar son ya el 12% del total de votantes. Nadie puede llegar a la Casa Blanca sin los hispanos. Ni Trump y sus millones.Trump no entiende que los hispanos no se han tragado su cuento. Cree, ingenuamente, que los hispanos van a votar por él luego de insultarlos como ‘criminales’ y ‘violadores’, y de decir que quiere deportar a millones de inmigrantes. Así no funcionan las cosas en nuestras casas. ¿Tú le creerías a alguien que primero te insulta y luego te promete un trabajo?La gran ironía de esta elección es que los mismos ataques a los hispanos, que tanto impulsaron la candidatura de Trump, serán los que terminarán con sus aspiraciones presidenciales. Los mexicanos tienen un dicho muy sabio: el que ríe al último, ríe mejor.

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