Plan B: el dream act

Septiembre 26, 2010 - 12:00 a.m. Por: Jorge Ramos

Las malas noticias en cuanto a la reforma inmigratoria en Estados Unidos es que la ruta a la legalización de once millones de residentes indocumentados no estará disponible este año. Y quizás tampoco el otro. Ni el siguiente.Pero hay algunas buenas noticias. El líder de la mayoría en el Senado de los Estados Unidos, Harry Reid, “está considerando seriamente someter el Dream Act a votación antes de noviembre”, según su vocero. “Él está buscando la certeza de tener 60 votos”, dijo. También está pidiendo a senadores de ambos partidos que apoyen la medida, con la esperanza de que su aprobación cuando menos dará impulso a una reforma inmigratoria adicional.Dado que el Plan A, una reforma inmigratoria amplia, ya ha fracasado este año, debemos presionar para lograr el Dream Act, Plan B, que permitiría a miles de estudiantes indocumentados el acceso a la educación universitaria mediante préstamos a estudiantes y programas federales de trabajo y estudio, y los haría elegibles, al obtener un título o cumplir dos años de servicio militar, para obtener un permiso de residencia permanente (o ‘green card’). La medida estipularía que los inmigrantes deben haber ingresado al país antes de tener 16 años de edad; que hayan estado aquí cuando menos cinco años consecutivos; se hayan graduado de high school en Estados Unidos -u obtenido un diploma de equivalencia general- o hayan sido aceptados en una institución de estudios superiores.Ya hay una fecha posible para la aprobación, y se están reuniendo los votos necesarios en el Senado. Ésta es, precisamente, la noticia que durante años han estado esperando muchos jóvenes indocumentados. Después de todo, son inocentes de cualquier violación de la ley en lo referente a su situación migratoria porque sus padres los trajeron a Estados Unidos cuando eran niños.Aunque venir aquí no fue su decisión, ellos hicieron lo que hacen todos los demás: asistir a la escuela. Pero la gran crueldad del sistema educativo norteamericano es que les permitió cursar high school pese a ser indocumentados y luego les negó la oportunidad de asistir a la universidad. Éste es un problema enorme. Cada año cerca de 60.000 estudiantes indocumentados se gradúan de high school o preparatoria, pero la mayoría tiene prohibido asistir a la universidad. Para ellos, la enseñanza privada es mucho más costosa, dado que no son elegibles para subsidios estatales. Tampoco son elegibles para ayuda financiera federal, lo que les hace imposible la educación superior. De hecho, sólo 5% de estos estudiantes indocumentados logran cursar estudios universitarios, según estudio de la Universidad de Washington.El Migration Policy Institute calcula que 825.000 jóvenes indocumentados podrían potencialmente convertirse en residentes legales mediante el Dream Act. Estos jóvenes han sido pacientes durante años, pero ahora están cansados de esperar. Mark Silverman, director de Inmigratory Policy en el Inmigrant Legal Resource Center, me dijo: “Ganar el Dream Act este año es el paso más importante que podamos dar para lograr una reforma integral en el futuro”.Pero todavía falta la parte más difícil. Aún si Reid somete a votación en el Senado, sólo un senador republicano, Richard Lugar, apoya el Dream Act, aunque la aprobación de la medida beneficiaría a ambos partidos.Los demócratas y el presidente Barack Obama podrían demostrar a la población hispana, con hechos y no con promesas rotas, que apoyan a estos inmigrantes en su esfuerzo. Y los republicanos podrían mitigar la percepción generalizada de que son opuestos a los inmigrantes, por su apoyo reciente tanto a la nueva iniciativa inmigratoria de Arizona, que permitiría a los agentes policiacos detener a gente sospechosa de estar ilegalmente en Estados Unidos, como a medidas que negarían la ciudadanía a hijos de inmigrantes indocumentados.Hay una muy pequeña ventana de oportunidad para lograr la aprobación del Dream Act antes de las elecciones del 2 de noviembre. La estrategia es muy clara: les toca a los estudiantes identificar a los senadores que no los apoyan y presionarlos para que voten por este proyecto.El debate en torno a otorgar este estatus a los jóvenes ha estado en acción desde 2001. La hora de esperar ha pasado. El momento del Plan B es ahora. Esta es la última llamada.

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