No reconozco a este país

opinion: No reconozco a este país

Siempre he reconocido públicamente que Estados Unidos me dio las oportunidades que mi país de origen, México, no me pudo dar.

No reconozco a este país

Febrero 12, 2017 - 02:34 p.m. Por: Jorge Ramos

Siempre he reconocido públicamente que Estados Unidos me dio las oportunidades que mi país de origen, México, no me pudo dar. Pero hoy, con Donald Trump en la presidencia, están ocurriendo cosas que jamás me hubiera imaginado.

Desconozco a este país.

Estados Unidos me dejó hablar, sin límites, después de sufrir censura de prensa en México. Me dio trabajo y oportunidades económicas que no hubiera podido conseguir, posiblemente, en ninguna otra parte del mundo. Luego, con enorme generosidad, me protegió como inmigrante y me otorgó los mismos derechos que cualquiera de sus ciudadanos. Aquí trabajo como periodista, aquí voto y aquí nacieron mis hijos.
Así que lo único que quisiera es que los nuevos inmigrantes disfruten de las mismas oportunidades que yo tuve. Eso es todo. Pero por el momento, con Trump en la presidencia, eso es imposible. Millones de mexicanos que llegaron después de mí a Estados Unidos podrían ser deportados.


Después de que el Presidente firmó una orden ejecutiva que anunciaba que se construiría un muro en la frontera mexicana, emitió una directriz que cambia radicalmente las prioridades de deportación en este país. Ahora podrán ser deportados quienes hayan “cometido actos que constituyan una ofensa criminal” (aunque nunca sean declarados culpables). Y también los que hayan realizado un “fraude ... ante una agencia del gobierno”, es decir, cualquiera que haya usado una licencia de manejar falsa o inventado un número de seguro social.

Traducción: prácticamente todos los 11 millones de indocumentados que hay en Estados Unidos son ahora una prioridad de deportación. El gran temor es que el siguiente paso sean redadas masivas en lugares de trabajo, casas y centros comerciales. ¿Quién puede ser deportado? Cualquiera que un agente de inmigración así lo considere.

Trump, que tanto desea parecerse al expresidente Ronald Reagan, no quiere darles a los indocumentados la oportunidad de legalizarse. Quizás podría hacerlo perfectamente ya que los republicanos controlan ambas cámaras del Congreso, pero no quiere. En 1986, Reagan concedió una amnistía a tres millones de personas. Trump, en cambio, los quiere sacar del país.

El rechazo xenofóbico de Trump va más allá de sus vecinos en México.
En sus primeros días en la presidencia, Trump decidió suspender la entrada a refugiados por 120 días y prohibir por tres meses la llegada de personas de siete países: Iraq, Irán, Libia, Siria, Sudán, Somalia y Yemen. Trump, que en la campaña presidencial había propuesto prohibir la entrada a los 1,6 billones de musulmanes en el planeta, dijo que su nueva prohibición no está basada en la religión. Pero para nadie es un secreto que esos siete países tienen una mayoría musulmana, y que son musulmanes inocentes los más perjudicados.

Nadie, por supuesto, quiere ser una víctima del terrorismo. Pero ningún ciudadano de los siete países incluidos en la prohibición ha participado en un reciente ataque terrorista contra Estados Unidos: la mayoría de los 19 atacantes del 11 de septiembre de 2001 eran de Arabia Saudita; los dos hermanos acusados por la bomba en el maratón de Boston son de Chechenia; y la pareja responsable por la muerte de 14 personas en San Bernardino, California, era de Estados Unidos y Paquistán.
Yo llegué a Estados Unidos en 1983. Si el presidente Reagan hubiera creado una lista de exclusión -como la que se acaba de inventar Trump- y hubiera incluido a México, yo no estaría aquí. Habría sido una decisión injusta y arbitraria.

Bueno, lo mismo ocurre ahora con personas de siete países y con los refugiados del resto del mundo. Ellos están siendo discriminados, simplemente, por haber nacido en un país en específico. Eso es todo. No hay nada más injusto que ser rechazado por algo en lo que no tuviste nada que ver, como tu lugar de nacimiento. Y eso es lo que está haciendo Trump.

Las grandes naciones son juzgadas, no por la manera en que tratan a los más ricos y poderosos, sino por su solidaridad con los más débiles y vulnerables. Estados Unidos tenía una maravillosa tradición de apoyo y aceptación por los inmigrantes... hasta que llegó Trump a la Casa Blanca. Es irónico que estas decisiones antiinmigrantes las tome alguien cuya madre era escocesa, que tuvo un abuelo alemán y casado con una eslovena.

Hay días en que no reconozco a este país que tanto me ayudó.

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