‘Méxodo’

Enero 23, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jorge Ramos

Los mexicanos se están malacostumbrando a la violencia, al vivir en un país donde las masacres tienen lugar cada día. Los asesinatos masivos ocurren tan frecuentemente que en ocasiones no se reportan en la prensa. Y ya no causan sorpresa. Los políticos, incluyendo al Presidente, con frecuencia ni siquiera los mencionan en público. Compare en cambio el silencio relativo de la prensa y de los funcionarios públicos de México con el acalorado debate en Estados Unidos por la masacre en Tucson, Arizona. La diferencia es asombrosa. Seis personas fueron muertas a balazos en Tucson el 8 de enero: entre los heridos estaba la congresista Gabrielle Giffords, herida en la cabeza cuando se reunía con votantes en el aparcamiento de un supermercado. El ataque conmocionó al país entero. Cuatro días después, entre un intenso debate acerca de si la retórica política era responsable de esta tragedia, el presidente Barack Obama encabezó una emotiva ceremonia en honor de las víctimas. El mismo fin de semana, la Policía mexicana anunció que 15 cuerpos sin cabeza fueron encontrados en Acapulco. No hubo una respuesta pública. Ninguna. El presidente Felipe Calderón no viajó allá para hablar acerca de sanar las heridas y de unidad. No hubo ceremonia pública para las víctimas. No hubo una reacción general de condena. El debate en México acerca de encontrar una solución a la plaga de la violencia causada por los cárteles permaneció estancado. No pasó nada. Nada. “Dime cómo mueres y te diré quién eres”, escribió Octavio Paz en ‘El Laberinto de la Soledad’. En los últimos cuatro años, México se ha redefinido por las muertes violentas que ocurren en su territorio. El nivel de violencia que azota a la Nación es comparable con el de una zona de guerra. Muchos días, hay más muertes violentas en México que en Irak o Afganistán. Sin duda, la vida en México está dominada por la violencia. Desde que Calderón se posesionó como presidente, 34.612 personas han sido asesinadas en crímenes vinculados a los carteles de la droga, según cifras oficiales. Y 2010, un año en el que 15.273 personas fueron muertas ha sido el año más violento desde que la Revolución Mexicana terminó, en 1920. Más de 3.000 de esos asesinatos ocurrieron en Ciudad Juárez, una urbe de 1,5 millones de habitantes.Calderón, sin embargo, parece ver la situación con otros ojos. En una entrevista reciente se ufanó de tener “buenas noticias” acerca de esta terrible situación, diciendo que durante el año anterior se había “avanzado en el combate a las organizaciones criminales de México".Eso suena a autoengaño: lo que para el Presidente es una “buena noticia” para muchos mexicanos es un reverendo fracaso. Y al parecer ahora la reacción es una: se están yendo del país. ‘Méxodo’ es el nuevo término que describe la salida de mexicanos de su país para escapar de la violencia. Es un fenómeno relativamente nuevo y difícil de cuantificar. Pero es muy real. En estos días hay pueblos en México que parecen haber sido abandonados por sus habitantes, en especial cerca a la frontera con Estados Unidos, debido al temor por conflictos entre cárteles rivales. Alejandro Alvarado, profesor de la Universidad de Florida, fue uno de los primeros en utilizar el término ‘Méxodo’. “Hasta ahora, la política de seguridad nacional del gobierno de Calderón ha fracasado”, me dijo. “La militarización ante el problema del narcotráfico ha creado un clima de guerra, y muchos mexicanos de las zonas más afectadas están buscando seguridad en un país vecino. Para ellos, el mexicano es un Estado fallido, como lo es para todos aquellos que abandonan sus países por seguridad.” La estrategia de Calderón para derrotar a los carteles sólo ha causado más muertes y violencia. Para muchos mexicanos la única opción es huir. La causa de tanta violencia, desde luego, está en el insaciable apetito de drogas de Estados Unidos y en el fácil acceso a las armas estadounidenses que tienen los narcotraficantes mexicanos. El fracaso del Gobierno mexicano en cuanto a enfrentar esta realidad ha llevado a más matanzas, y cada muerte es otro recordatorio de que se necesita urgentemente una solución radical. Esa solución, sin embargo, ya no se encontrará durante la administración de Calderón. México tendrá que esperar hasta 2012, cuando se elegirá un nuevo presidente; mientras tanto, los muertos y las masacres se acumularán. La situación desesperada hace recordar un comentario de un discurso que el Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez pronunció en Panamá en 1995, “Mi impresión es que el tráfico de drogas es un problema que se le salió de las manos a la humanidad”. Una década y media después el problema sólo se ha acrecentado. La legalización de la droga es, por ahora, un simple debate académico. Y la estrategia de mano dura de Calderón contra los narcos sólo ha resultado en más muertes y violencia. Así que, ante la falta de una solución real que pacifique al país, lo único que le queda a muchos mexicanos es irse para salvar la vida.

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