La guerra perdida

Septiembre 25, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jorge Ramos

La guerra contra el narcotráfico y el consumo de drogas, por el momento, está perdida. El número de norteamericanos consumiendo drogas ha aumentado, los carteles de las drogas son cada vez más poderosos y los pronósticos no podían ser más pesimistas. Acabo de leer el informe anual del gobierno norteamericano sobre el consumo y tráfico de drogas (National Drug Threat Assessment 2011), producido por el Departamento de Justicia, y el panorama es verdaderamente desolador. No hay buenas noticias. De acuerdo con esta evaluación, en 2009 había 21,8 millones de personas que usaban drogas ilegales en Estados Unidos; 8,7% de todos los estadounidenses de 12 años de edad y mayores, en comparación con 8% en 2008. El consumo de marihuana, después de declinar gradualmente en el decenio pasado, está repuntando de nuevo, con 18,1% de los estadounidenses de 18 a 25 años que fumaron esta droga en 2009, en comparación con 16,5% en 2008. En forma similar, el abuso de metanfetaminas creció ligeramente en 2009, después de haber registrado una pequeña declinación en 2008. Y aunque el consumo de cocaína ha disminuido -como consecuencia de la guerras entre carteles, una caída en la producción en Colombia y las actividades antinarcóticas del gobierno- en el 2009 hubo 617 mil estadounidenses que probaron cocaína por primera vez. Estados Unidos es el mercado de drogas más grande del mundo. Y mientras haya norteamericanos utilizando drogas, siempre habrá alguien que las produzca y que las transporte al norte. El sombrío reporte identifica a siete carteles mexicanos de las drogas como los principales responsables del tráfico de estupefacientes hacia Estados Unidos. Ya están por todos lados. Pasan la droga, sobre todo, por la frontera de México con California, Arizona y Texas, y luego la distribuyen al resto del país. Los narcos, dice el informe, son comerciantes muy eficientes: No hay región de Estados Unidos sin disponibilidad de cocaína, heroína, marihuana y metanfetaminas. Son tan creativos y eficaces como el mejor sistema de correo del mundo. Tienen sus productos a la venta en cada rincón y en cada esquina. Ninguna ciudad les es ajena. La conclusión del reporte anual es terrible: “La amenaza planteada por el tráfico y abuso de drogas ilícitas no se abatirá en el futuro cercano, y puede incrementarse”. Esta es la realidad del tráfico y consumo de drogas al desnudo, sin eufemismos ni triunfalismos. No estamos ganando la guerra contra las drogas; la estamos perdiendo porque cada vez hay más consumidores, tanto en Estados Unidos como en América Latina. Y aún cuando la venta y consumo de sustancias ilegales estén fuertemente penalizados por los gobiernos, las sociedades toleran cada vez más su uso y suelen equipar las drogas con el alcohol y con medicamentos. Muchas celebridades ya no ocultan sus adicciones, cine, televisión, internet y redes sociales reflejan en las pantallas su uso extendido, y en ciertos sectores el consumo de drogas se ve como algo normal. Por supuesto, una mayoría de los políticos en Estados Unidos defienden ardientemente la posición oficial de una prohibición estricta del consumo de drogas ilegales y castigos severos para quienes son atrapados distribuyéndolas -la mayoría no participa siquiera en debates en torno a la legalización. Ningún político quiere ser visto como un defensor del negocio de los narcos. Sin embargo, ya hay una legalización tácita en el uso medicinal de la marihuana y en el creciente desarrollo de drogas sintéticas o de diseño -materiales sintéticos que imitan los efectos de la marihuana, cocaína, heroína y otras sustancias. Esto es nuevo. Las drogas sintéticas en ocasiones se ofrecen en línea como, digamos, sales de baños, y aunque pueden ser letales, su popularidad está creciendo a un ritmo alarmante. Los adictos estadounidenses quizá pronto no necesiten la cocaína contrabandeada por México desde Colombia o Bolivia. Podría llegar pronto el día en que las drogas de elección de los adictos puedan ser manufacturadas aquí mismo -Made in USA. Frente a estas megatendencias sociales, poco pueden hacer los gobiernos, más allá de tratar de limitar la narcoviolencia, hacer campañas para evitar el consumo entre niños y atender los casos médicos más graves. Tampoco estamos ganándole la guerra a los narcotraficantes; por el contrario, son cada vez más poderosos. Cada vez que el Gobierno mexicano presume la captura de un gran capo, aparecen otros dos. Y es tristísimo reportar que ese gran esfuerzo que ha costado más de 40.000 vidas en México no ha tenido resultados concretos: la cantidad de drogas entrando a Estados Unidos va en aumento así como el número de drogadictos. Desde luego que no podemos negociar con narcos ni hacernos los de la vista gorda. En otras columnas ya he presentado mis propuestas concretas. Pero esta vez basta decir que la guerra contra el tráfico y consumo de drogas se está perdiendo. No más mentiras ni declaraciones triunfalistas. Lo que estamos haciendo no está funcionando. Hay que empezar por reconocerlo.

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