La casa de Sandra Cisneros

Agosto 28, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Ramos

Llegué a la entrevista con una pregunta. ¿Qué hace que una de las escritoras más reconocidas de Estados Unidos -una verdadera leyenda de la llamada literatura chicana- decida dejarlo todo e irse a vivir a México? Bueno, eso es exactamente lo que hizo Sandra Cisneros. En 2013, a los 57 años de edad, Cisneros recogió sus cosas, cruzó la frontera -de norte a sur- y se fue a vivir a San Miguel de Allende, Guanajuato. “Me sentí más en mi casa, más feliz y más conectada a mi comunidad”, me contó. “Me siento muy segura ahí. Los vecinos te están vigilando. En Estados Unidos, mi temor era morir y que mis perritos me fueran a comer; que nadie me iba a encontrar hasta después de tres días. En México eso es imposible. Todos tocan la puerta -‘¿Gas? ¿Agua? ¿Doñita?’”. (Aquí está la entrevista de televisión con Cisneros: bit.ly/1RfSfgN.) Las casas y las mudanzas han marcado la vida y los libros de Cisneros. Nació en Chicago, estudió en Iowa y luego se fue a dar clases a San Antonio. Pero en “Estados Unidos” me dijo, “siempre me siento como una extranjera”. Eso, irónicamente, le ayudo a convertirse en la escritora que es. “Encontré mi voz en el momento en que me di cuenta que era distinta”, escribió en su último libro, ‘A House of My Own.’ “No quería sonar como mis compañeros de clase; no quería imitar a los escritores que estaba leyendo. Esas voces estaban bien para ellos pero no para mí”. De ese descubrimiento nació Esperanza, la protagonista de su famosa novela ‘La Casa de Mango Street’”. Esta es una lección esencial para cualquier joven escritor: “Empecé a dedicarme a esos temas de los que nadie más podía escribir”. Y escribió sobre ella. “Yo soy la única hija en una familia de seis hermanos. Eso lo explica todo”. Pero luego, como toda buena escritora, fue profundizando. Era la única hija en una familia mexicana. O, más bien, la única hija de un padre mexicano y una madre mexicano-estadounidense. México estaba en su destino. Así que Cisneros se llevó su escritura a México. Y sus experiencias también. “He tenido la experiencia de los espíritus, de lo paranormal, que yo no sé cómo explicar”, me dijo, casi en confesión. “Así que yo no tengo fe; tengo experiencias de algo después de la muerte. No me asusta la muerte porque yo sé que hay algo más allá”. Y luego me habló de su padre. “El amor existe mucho más allá de la muerte. Es muy bonito saber eso. Yo lo sé porque lo siento. Siento el amor de mi padre, que sigue amándome aún más allá. Quizás mi religión es el amor”. Cuando Cisneros era niña, visitaba frecuentemente la casa de su abuelo paterno en la colonia Tepeyac de la Ciudad de México. Fue tantas veces ahí que hasta llegó a pensar que ese era su verdadero hogar. Pero en sus libros -y, sobre todo, conversando con ella. me he quedado con la impresión de que Cisneros sigue buscando su casa. Por eso se fue a vivir a México. Al final de cuentas, Cisneros sabe que cambiarse de casa no va a resolver nada. Su verdadera casa no está en ningún lugar particular, sino en lo que escribe. “Encontré mi voz y mi hogar en la escritura. Y la escritura me la puedo llevar a cualquier país”. Cisneros, sospecho, tiene todavía algunas mudanzas y libros en su vida. Lo único que quisiera pedirle es que nos invite a su próxima casa (donde quiera que esté). Posdata de otra vivienda: En una entrevista televisiva, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, reconoció que su esposa había recibido “un favor” de su amigo Ricardo Pierdant y que, efectivamente, en una ocasión (2014) le había pagado los impuestos prediales de su apartamento en Key Biscayne, Florida. Fue un favor de más de 29 mil dólares. El presidente dice que ese dinero se reembolsó pero, para eso, tendríamos que creerle (y hay muchas cosas en que no le creo a Peña Nieto). Además, no está claro por qué Pierdant le pagó los impuestos a Angélica Rivera si, como Univisión reportó, todo se podía haber hecho por internet. ¿Acaso Rivera, Peña Nieto o alguno de sus asistentes no pudieron hacer lo mismo desde México? Lo que el presidente presentó como una simple transacción entre amigos puede ser un acto ilegal. La Ley Federal de Responsabilidades de Funcionarios Públicos le prohíbe -Artículo 88- al presidente y a cualquier otro empleado del gobierno recibir servicios, beneficios o favores. Y si los reciben, entonces hay que reportarlos (Artículo 89). El presidente y su esposa no lo hicieron. Pero, no confío en la Justicia mexicana para investigar al presidente. El caso de la llamada Casa Blanca mexicana demostró la impunidad que reina en los más altos niveles gubernamentales. Lo sé: no va a pasar nada. Lo más grave de todo es el terrible ejemplo ético que están dando el presidente y su esposa. Su conducta no debería ser imitada por ningún funcionario público. Mi única esperanza es que, cuando haya un nuevo presidente, se investigue seriamente a Peña Nieto y a su esposa. No se vale.

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