El censor

Diciembre 26, 2010 - 12:00 a.m. Por: Jorge Ramos

Empecemos con tres cosas evidentes. Una: Hugo Chávez, pese a lo que él dice, no gobierna Venezuela como lo haría un líder elegido democráticamente. Dos: Venezuela ya no es una democracia. Tres: Las libertades individuales –incluyendo la libertad de prensa y el acceso a Internet– están en grave peligro en esa nación, y los opositores al gobierno corren el riesgo de ser detenidos o algo peor. El 17 de diciembre, la Asamblea Nacional integrada por 165 miembros y dominada abrumadoramente por políticos invertebrados que no se atreverían jamás a oponerse a las órdenes de Chávez, otorgó al presidente nuevos poderes que le permitirán gobernar por decreto durante 18 meses. Esto significa que el teniente coronel pronto podrá imponer cualquier iniciativa económica o política que desee, sin necesidad de escuchar a los legisladores o que haya un debate. Sólo hay una explicación para esta toma del poder: Chávez quiere ser el único gobernante de Venezuela, evadiendo a la Asamblea Nacional recientemente elegida, que tomará posesión el 5 de enero con 66 legisladores de partidos de oposición. Es un hecho que el mandatario, quien ha estado en el poder desde 1999 y anuncia planes para reelegirse en 2012, ha ganado en elecciones presidenciales utilizando todos los medios a su alcance. No hay un equilibrio del poder en Venezuela. Bajo una Constitución revisada y redactada por chavistas en 1999, las ramas legislativa y judicial del Estado están esencialmente controladas por el ejecutivo; y otro tanto puede decirse del ejército, el sistema electoral y la mayoría de las organizaciones noticiosas de la nación. El Departamento de Estado estadounidense ha condenado las medidas de Chávez orientadas a imponer un régimen autocrático, al igual que otros gobiernos y organizaciones en el mundo. El portavoz Crowley dijo que “lo que (Chávez) está haciendo aquí es, en nuestra opinión, subvertir la voluntad del pueblo venezolano”. Y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha expresado su preocupación de que, al tener Chávez el control total, sus adversarios políticos, medios de comunicación como Globovisión y activistas de derechos humanos, serán vulnerables. Tienen razón, ya no es posible considerar a Venezuela como una democracia. De hecho, recientemente parece que una de las metas de Chávez es emular a China. Venezuela ya es similar a esa nación en términos de su economía competitiva, vigoroso comercio exterior y control eficaz sobre la criminalidad. Pero cancelar las libertades individuales, censurar las organizaciones noticiosas y reprimir a los disidentes políticos, como lo hace China, es un ejemplo peligroso. A pedido de China, el gobierno de Chávez se unió al boicot de la ceremonia en honor del Nobel de la Paz, Liu Xiaobo, encarcelado disidente chino. La silla de Xiaobo apareció vacía. Y ahora Chávez quiere copiar a China con la imposición de controles sobre la Internet. Las reformas previstas para la ley de telecomunicaciones en Venezuela pretenden silenciar cualquier voz opuesta al régimen del teniente coronel. En la iniciativa de ley, los medios de comunicación y los sitios en la Red tendrían prohibido trasmitir mensajes que “desconozcan a las autoridades ... fomenten zozobra en la ciudadanía ... e inciten o promuevan el odio”. ¿Y quién decide si alguien viola ley? Chávez y sus censores. Es totalmente posible que Chávez quiera crear una red de censura de telecomunicaciones similar a la de China, con los medios para interceptar y bloquear cierta información, sea a través de la televisión, la radio o Internet, antes de que llegue a los venezolanos. La iniciativa de ley de telecomunicaciones propuesta exige que los proveedores de servicios de Internet establezcan mecanismos capaces de restringir inmediatamente ciertos mensajes y bloquear el acceso a determinados portales de la Red. Lo que esto significa básicamente es que si algo desagrada al mandatario venezolano, va a ser censurado. Bajo la nueva ley, él no sólo gobernará por decreto, sino además se convertirá en censor supremo del país. ¿Qué va a pasar si un twitero critica las ambiciones de Chávez de perpetuarse en el poder? ¿Será arrestado? ¿Qué pasará si alguien fuera de Venezuela dice en Facebook que Chávez es un dictador? ¿Esa persona sería interrogada, detenida o deportada si se atreviera a poner un pie en Caracas? Como muchos dictadores a lo largo de la historia, Chávez no está satisfecho con tener el control casi absoluto sobre Venezuela; ahora tampoco quiere que digan cosas negativas de él. Este régimen ha borrado hasta el último vestigio de tolerancia democrática. ¿La pregunta, ahora, es cómo removerlo del poder? Esto sólo se puede hacer legalmente, por los votantes venezolanos; un golpe de Estado está descartado. Pero la tarea de liberar a Venezuela cada vez es más difícil, a medida que el sistema autoritario aprieta las tuercas.

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