Cantarle a los celulares

Agosto 14, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Ramos

Ahí estaban frente a mí. Dos ídolos: Joan Manuel Serrat —cuya música forma parte de la banda sonora de mi vida — y Joaquín Sabina —cuyo realismo e ironía llegué a apreciar en mi última década-. Conseguí muy buenos boletos para el concierto en Miami y tenía a los dos cantantes a solo unos metros. Estaba feliz. Pero, de pronto, algo me brincó. Estaba rodeado de fanáticos —parados, bailando y tan emocionados como yo— pero en lugar de escuchar el concierto, lo estaban grabando y tomaban fotos en sus teléfonos celulares. Serrat y Sabina, por supuesto, se daban cuenta de lo que estaba pasando. Qué triste, pensé, venir de tan lejos para cantarle a celulares. Un par de años después, en una entrevista, le pregunté a Serrat sobre esa noche. “No está bien”, me dijo, reconociendo luego que le ocurría en todos sus conciertos y que él, como espectador, no lo hacía. “Cuando voy a un concierto prefiero verlo en directo. Es más lindo ver las cosas en directo. Uno se sienta ahí y puedes ver todo lo que está ocurriendo alrededor.” Lo que les pasa a Serrat y a Sabina en sus conciertos está repitiéndose en todos lados. Mario Domm, del dueto Camila, me contó cómo una vez le pidió a sus fanáticos bajar sus celulares por una canción y recibió muchas reacciones hostiles. No lo ha vuelto a hacer. En lugar de ponerle atención a la gente, preferimos meternos en nuestros teléfonos celulares. Te doy el número: El 89% de los norteamericanos reconocen haber usado sus celulares durante sus reuniones sociales más recientes, según un estudio del centro Pew. Es decir, sus celulares los alejaron del lugar donde estaban y de la gente con quien compartían.Más números: El 76% de los estadounidenses nunca apagan sus teléfonos, o rara vez. Dormir con el celular e ir al baño con él es, casi, lo normal. Además, un estudio de Common Sense Media arrojó que la mitad de todos los jóvenes en Estados Unidos se sienten adictos a sus celulares. (Aquí está el estudio: bit.ly/1Y5Wcd5 ) El problema no es ya estar conectados. Recuerdo, casi con nostalgia, cuando mi papá logró poner un teléfono en casa en México, después de años de trámites burocráticos. Mis tres hermanos, mi hermana y yo hacíamos fila para usarlo. Hoy, el problema es cómo desconectarse del teléfono. De hecho ya existe una palabra en inglés —‘phubbing’— para describir cuando alguien te ignora para atender su celular. No hay, todavía, traducción al español. Por eso, en las redes sociales, pedí sugerencias: ¿Cómo traduces ‘phubbing’? El resultado fue una fiesta. Algunas de las respuestas en Twitter: “Se llama ‘falta de respeto’ ”; “Yo diría ‘bobear’ ”; “Lo puedes traducir como ‘un imbécil.’ ” “Una persona con quien jamás saldría”; “ignorar, así de fácil”; “celulomaníaco,” me sugirieron en Facebook. Pero al final, recibí una frase fulminante: “Esta es la clásica que todos criticamos pero que todos aplicamos.” Tenía toda la razón. En teoría a todos nos parece aborrecible el ignorar a la gente con quien estamos —en casa, en el trabajo, en una reunión, en un concierto— para usar el celular. Pero la realidad es que todos lo hacemos y nos está dañando. Rob Wile publicó una interesantísima columna en Fusion (fus.in/1RoDbii) sobre cómo las relaciones de pareja estaban siendo afectadas por los celulares. La columna cita un estudio de Baylor University que indica que el 46% de los encuestados dicen que sus parejas los han ignorado en algún momento por usar sus celulares. Y el 22% aseguran que eso está ocasionando problemas entre ellos. La conclusión es lógica: Si prefieres tu celular a tu pareja, algo anda mal. La verdad es que ya no sorprende llegar a una reunión social y ver a la mayoría de la gente con el celular en la mano o en la mesa. ¿Y has visto cómo reacciona la gente cuando pierde su celular? Es como una muerte en la familia. Nuestra identidad está cada vez más ligada al celular. Es lo primero que buscan los detectives después de un crimen. Pero, la verdad es que la vida no cabe en un celular. Mientras tanto, Joan Manuel Serrat se sigue resistiendo al cambio. En un concierto notó cómo un señor estaba grabando todo en un celular. Detuvo el concierto y le preguntó: “¿Cómo va la grabación? ¿No le gustaría ver el concierto en directo?”

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