¡Yo decido!

Agosto 08, 2011 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

En la sesión de una de las comisiones del congreso, transmitida por televisión, uno de sus representantes, hablando sobre la pena de muerte, solicitaba al presidente de dicha comisión que invitara a: Sociólogos, Psicólogos, Psiquiatras y las personas especializadas en dicho tema.Esto con el fin de que sus conocimientos ilustraran a quienes debían legislar sobre tal asunto, puesto que pensaba que para decidir algo de suma importancia para el rumbo de un país, juzgaba necesario tener un conocimiento ilustrado, de tal manera que aquello por decidir estuviese de acuerdo con la conciencia de la mayoría y respetara la ley natural para que fuese fácil su aceptación y cumplimiento.De la misma forma, La Corte constitucional le ha pedido al Congreso que regule las uniones entre personas del mismo sexo, lo cual conllevaría la modificación del artículo 113 del código civil, para que el contrato matrimonial cobije y de cabida a dichas uniones.A estos temas de resonancia actual, se suman para decidir: el del aborto, la adopción de niños por parejas del mismo sexo, la definición de familia, la eutanasia. A su vez vemos la diversidad de criterios o la diferencia de percepción en la validez de las pruebas, en las altas Cortes, según de dónde las tomen, de tal forma que el simple ciudadano percibe un sentimiento de inseguridad, desprotección y desánimo ante la ansiedad de las gentes por ver la pronta y eficaz justicia, y pareciera que como resultado de esto que sucede, como para blindarse por lo que ocurra, se vuelve a proponer para los congresistas, la inmunidad parlamentaria.Leyendo varios estudios y consultando innumerables fuentes sobre el acto homosexual, que es la base de por lo menos dos de las propuestas actuales, considero justo que quienes tienen ahora la capacidad para decidir por una nación, observen estas conclusiones que he encontrado en ellos a saber: “En el acto homosexual no puede realizarse la verdadera reciprocidad que hace posible el don de sí y la acogida del otro”.Al faltar la complementariedad cada uno permanece aislado en sí mismo y vive el contacto con el cuerpo del otro como ocasión para un goce individualista .Al mismo tiempo la actividad o práctica homosexual implica también la apariencia de una intimidad ficticia, buscada obsesivamente y siempre inalcanzable.El otro no es verdaderamente el ‘otro’, sino el semejante a sí mismo; en realidad es sólo el espejo de sí mismo que confirma en su completa soledad, exactamente cuando se busca el encuentro.Se trata del “narcisismo” patológico, que los estudios de numerosos psicólogos expertos (cf. L.Ovesey, O.F. Kernberg, etc.) han constatado en la personalidad homosexual. De aquí que prevalga una gran inestabilidad y promiscuidad en el modelo de vida homosexual que más se ha logrado difundir.Hay que abrir y dar el debate sincero, apegado a la ciencia; sin fanatismos ni tendencias, siempre buscando el respeto por la vida, el ser humano, su dignidad y su desarrollo integral, sabiendo escuchar los argumentos del otro, a los otros, a la naturaleza, al mismo Hacedor del universo, para discernir lo que nos es más conveniente como seres humanos, lo que nos libera, lo que nos hace dignos y grandes.

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