¿Y tú, eres rico?

Enero 12, 2012 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Transcribo un correo que me llegó de Armando Fuentes Aguirre, ‘Catón’, periodista mexicano. Su contenido es un gran elemento para reflexionar en estos días, cuando hacemos promesas, pedimos cambios y multiplicamos los deseos, porque no nos sentimos realizados y felices, y nos haría bien para comprender en qué consiste la riqueza de la vida, en medio de la rapidez en que vivimos y la inmediatez en la que caemos por la diversidad de medios electrónicos, que nos ponen el mundo a nuestra disposición. “Me propongo demandar a la revista Fortune, pues me hizo víctima de una omisión inexplicable: publicó la lista de los hombres más ricos del planeta, y en esa lista no aparezco yo. Aparecen, sí, el Sultán de Brunei, también los herederos de Sam Walton y Takichiro Mori. Figuran personalidades como la Reina Isabel de Inglaterra, Stavros Niarkos, y los mexicanos Carlos Slim y Emilio Azcárraga. Sin embargo, a mi no me menciona. Y yo soy un hombre rico, inmensamente rico.Y si no vean ustedes: tengo vida, que recibí no se por qué, y salud, que conservo no sé cómo. Tengo una familia, esposa adorable que al entregarme su vida me dio lo mejor de la mía; hijos maravillosos, de quienes no he recibido sino felicidad; nietos con los cuales ejerzo una nueva y gozosa paternidad. Tengo hermanos que son como mis amigos, y amigos que son como mis hermanos. Tengo gente que me ama con sinceridad a pesar de mis defectos. Tengo lectores a los que cada día les doy gracias, porque leen bien lo que yo escribo mal. Tengo una casa, y en ella muchos libros.Poseo un pedacito del mundo en la forma de huerto que cada año me da manzanas que habrían acortado más la presencia de Adán y Eva en el Paraíso. Tengo ojos que ven y oídos que oyen; pies que caminan y manos que acarician; cerebro que piensa cosas que a otros se les habían ocurrido ya, pero que a mí no se me habían ocurrido nunca. Soy dueño de la común herencia de los hombres: alegrías para disfrutarlas y penas para hermanarme a los que sufren.Y tengo fe en Dios que guarda para mí infinito amor. ¿Puede haber mayores riquezas? ¿Por qué, entonces, no me puso la revista Fortune en la lista de los hombres más ricos del planeta? ¿Y tú, cómo te consideras? Hay gente tan pobre, pero tan pobre, que lo único que tiene es... dinero”. Por vivir de prisa no apreciamos lo que tenemos ni lo disfrutamos. Decía Carl Honoré que nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo, pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida. La velocidad es una manera de no enfrentarnos a lo que pasa por nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestra vida y así no tenemos tiempo de preguntarnos que es lo más importante.

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