Viviendo sin certeza

Viviendo sin certeza

Diciembre 19, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Estamos viviendo en una sociedad en que no hay certeza de nada, cada uno tiene y quiere tener su verdad, y desea imponerla a los demás, o por lo menos que no le incomoden en su manera de pensar. Nuestra sociedad es cambiante, incierta, imprevisible, ‘líquida’. ¿Qué es desescalar una cosa?, según el diccionario es bajarle la intensidad, en definitiva ir diluyendo su fuerza con la cual se define una realidad para cambiarla por lo que queremos. Es volver líquida la verdad, pretender cambiarle el rostro para engañar y así aceptar o imponer lo que se quiere. Estamos entrando a una cultura y tiempo sin certezas. Queríamos ser libres y nos independizamos de todo, hasta de la tradición, los valores, las costumbres. Queríamos construir un mundo feliz y a nuestra manera. Todo se nos ha vuelto un espejismo, puesto que lo sólido lo derrumbamos porque conservaba su forma y persistía en el tiempo, duraba. Y por nuestro individualismo alcanzado y la magnificación del yo que marca nuestras relaciones volvimos todo precario, transitorio y volátil como queremos hoy todo: sin dificultad, inmediato, rápido, que fluya, entonces aparece lo desechable, lo cambiante, todo es flexible, liberalizado, desregularizado, como se ha vuelto la economía que es lo que marca la definición del hombre y su clase, o las relaciones entre los humanos.Por eso, hoy llamamos avance o que estamos entrando a una verdadera cultura  de elites, cuando el sentido de familia nuclear se transforma en una relación pura donde cada socio abandona al otro en la primera dificultad. El amor es flotante, sin responsabilidad, por eso se multiplica la relación sin cara, la de la web y se abre espacio a relaciones sin esa solidez de pareja estable: hombre y mujer, familia tradicional, para aceptar la fluidez de las diversas formas de relacionas afectivas. Las instituciones no son esos mojones de la sociedad que profundizan los valores y las personas anclando sus existencias en una historia y una tradición que dan organización y estabilidad al Estado, a los individuos y las instituciones. Lo que ayer era no es hoy y los que ayer estaban hoy cambiaron y pasaron a otro lugar.Zygmunt  Bauman, preconizador de esta doctrina, se une en afirmar junto con el papa Francisco en la teoría de los ‘descartables’, Bauman al ser provocador  en el concepto que usa como “desechos humanos” para referirse al sin número de desempleados, gente superflua, excluida, por el miedo  que impregna la esfera comercial, que lo define todo y mide por costo beneficio, estas relaciones, haciendo como dice el papa Francisco, que la dignidad del hombre se valore económicamente.En la mesa de La Habana, ojalá no nos dejemos invadir de esta cultura líquida por lograr ciertos beneficios egoístas, para lograr la paz que queremos y deseamos todos y así por deseo de éxito cambiemos de tácticas y abandonemos los compromisos y la lealtad con la Verdad, la Justicia y la reparación de las víctimas.

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