¿Usted no sabe quién soy yo?

¿Usted no sabe quién soy yo?

Marzo 28, 2015 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Frase interrogativa, que muchos nos hemos hecho en diversas circunstancias, y que ante lo ocurrido a Nicolás Gaviria, posiblemente con algo de embotamiento en su cerebro por el alcohol bebido, liberó ante la reclamación de la autoridad  por la actitud en defensa de su integridad y de sus derechos cuando se sintió que se los restringían y liberó lo que todos tenemos en el subconsciente: hacer lo que nos viene en gana y abusar de la libertad sin pensar en el bien común, sino en nuestros propios intereses, por eso exclamamos muy fácilmente: “¿Usted no sabe quién soy yo?”.Cuando llegamos a algún sitio y no nos reconocen, en nuestro interior nos sentimos mal, decimos: no se dieron cuenta de quien soy. Cuando llaman a otros y estando en el mismo núcleo no me toman en cuenta, pienso en mi interior: no me reconocen, no me aprecian, no me estiman; no saben quien soy yo. Cuando en mi empresa, en mi Iglesia, en mi barrio, allí en donde me muevo y aparece un líder nuevo, y ni siquiera me saluda, pienso: es un intruso, no conoce la historia del sitio, de la empresa, del barrio, y no sabe quien soy yo, lo que yo he sido para esta institución. En fin, no hay circunstancia en la vida, que esta frase no se haya armado, por lo menos en mi pensamiento, ante alguna realidad que no me gusta, o que me incómoda. Bien dice por ahí un programa de televisión: “Quien no aparece aquí, no es nadie, no existe”. Bien raro que en un mundo de comunicaciones, de tantos medios para acercarse unos a otros, para conocerse, estemos reclamando el que se nos identifique, se nos tenga en cuenta, se nos reconozca; repartimos nuestra presencia por las redes, para hacernos visibles y sin embargo pareciera que no llenamos ese vacío existencial de querer ser reconocidos, aceptados, privilegiados con el reconocimiento. Hay una inseguridad del ser, hay una falta de afecto y de aceptación; hay soledad existencial: falta Dios.Los cristianos católicos, iniciamos el  18 de febrero, Miércoles de Ceniza, un proceso de visibilización en el mundo, al marcar en nuestra frente una cruz, nos vieron unos y otros y en el fondo reconocieron que había una dependencia a algo, o a alguien, pero quien la llevaba sabía que era emprender un camino  para recobrar la plenitud de la existencia al identificarse con El Dios visible en Jesucristo, que convierte en vida nueva a quien lo asume y queda así convertido en Señor de la creación, liberándolo de toda esclavitud y dándole la posibilidad de la existencia eterna, la visibilización plena ante el mundo y ante si mismo de tal manera que afirmaba su autoestima, le aseguraba el reconocimiento de ser Hijo de Dios, familia de Cristo, heredero de la esperanza del Reino de los Cielos y reconocido como lo es: Cristiano, Luz de la tierra y Sal del mundo. Discípulo de la vida, la verdad y el Amor. Un existente en verdad, un ser auténtico. 

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