Testigos

Julio 10, 2010 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Hoy en día para poder creer necesitamos urgentemente testigos de la fe que dicen tener. Mientras el testimonio vivo conlleva a hacer creíble tanto a las personas como a las instituciones, estamos con nuestros sectarismos y falta de tolerancia volviendo a las catacumbas o al oscurantismo, cuando por sus convicciones, rechazamos a esta clase de testigos.Decía Magdi Cristiano Allan, subdirector del periódico más leído en Italia, y hoy convertido al catolicismo, en su primer artículo como periodista del citado matutino, el 3 de septiembre del 2003, refiriéndose a la situación de los conversos islámicos en Europa y en la misma Italia: “Existen nuevas catacumbas para los islámicos conversos” y al interrogársele sobre la valentía de hacer pública su conversión al catolicismo, respondió en marzo del 2008: “Más terrible que aquel terrorismo que extermina a los convertidos que abandonan el Islam, es el cortar las lenguas de quienes quieren seguir hablando, dando el testimonio de su nueva fe”.En España, la senadora que aportó para la historia política española la más alta votación conocida, cofundadora del Partido Socialista de Cataluña, al convertirse a la Iglesia Católica y renunciar a su alta investidura de senadora, por no estar de acuerdo con las políticas gubernamentales en contra de la vida y la moral, dice: “La Iglesia Católica, el cristianismo, tienen mucho que decir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo”. De la misma manera el ex primer ministro Británico Tony Blair, convertido al catolicismo, dice acerca del compromiso testimonial del creyente: “Sabes que no puedes tener una fe religiosa y que ésta sea algo insignificante, porque se trata de algo profundo y tiene que ver con tu misma condición de ser humano”.En Colombia no se puede convertir en delito y mucho menos coaccionar la libertad religiosa pensando que no se puede testimoniar con su vida la fe que se profesa. Antes por el contrario, ser creyente es garantía de servicio, honestidad y cumplimiento y respeto por el otro, ya que su deber es el testimonio creíble en los frutos de un accionar que partiendo de su conciencia se vive en lo público, teniendo como juez a quienes lo ven, pero en su intimidad se debe enfrentar al más severo legislador que es Dios. Como lo contrario, el Agnóstico, u otra clase de creyente, son posiciones ideológicas tan respetables, que por sus frutos ante los demás y el bien común serán dignos de seguir o rechazar.

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