Somos Iglesia

Febrero 20, 2017 - 03:51 p.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

En el mundo actual, hay 1257 millones de católicos que representan el 17% de la población mundial y de ellos, 415.400 son sacerdotes y se denomina Iglesia a todos estos, porque son los bautizados de acuerdo al registro del anuario de la Iglesia y según la doctrina de dicha institución. Hoy en día, todos los bautizados son misión y la Iglesia está en misión permanente, esto quiere decir que donde haya un bautizado debe estar el interés por hacer presente la vida de Jesús y nos debe doler a todos sus miembros, lo que se hable, diga, o haga, que no esté de acuerdo con el objetivo por el cual sé es Iglesia, o se entró a pertenecer a ella.

Por esto quiero traer las palabras del papa Francisco en su Bula de invitación al año de la Misericordia cuando dice: “La Misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en sus testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo” (No.10).

Porque todos los bautizados por ella podemos afirmar que estamos de acuerdo con el documento pastoral del Concilio Vaticano II Gaudium et Spes cuando dice: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia” (G.S1).

Debido a lo anterior y junto con lo que dice el documento conciliar Lumen Gentium en el No. 48: “La Iglesia peregrinante, en sus sacramentos e instituciones, que pertenecen a este tiempo, lleva consigo la imagen de este mundo que pasa, ella misma vive entre las criaturas que gimen entre dolores de parto hasta el presente, en espera de la manifestación de los hijos de Dios”, por lo anterior, al ser representada y formada por hombres, se contamina de los defectos y errores que cometen, haciéndola sufrir en el presente y debe reconocer continuamente que crea heridas a sus semejantes, que debe estar siempre dispuesta a sanar con la misericordia infinita de Dios de la cual se debe nutrir y apoyar, para ejercer su misión en el mundo.

Al sentir que la credibilidad de la Iglesia se juega ante el mundo, si no es capaz de pasar a través del camino del amor misericordioso y compasivo para todos y, en especial con aquellos que de una forma u otra han sido heridos en su dignidad por las acciones de unos pocos miembros de ella, no podemos pasar por alto sin sentirnos golpeados por las consecuencias de la mundanidad y sinceramente nos sentimos llamados a pedir que nos perdonen por nuestras deficiencias humanas.

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