¿Se puede olvidar?

¿Se puede olvidar?

Mayo 07, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

‘La reconciliación, más que realismo mágico’, foro al cual fue invitada Ingrid Betancourt, quien después de años de ausencia nos habla sobre la importancia de la reconciliación, porque es mejor tragarse varios sapos a tener 100 años más de guerra y ya que no tenemos cosas nuevas para darles, las han tenido todas para hacer la guerra y no han logrado los objetivos, pues darles la oportunidad para que convenzan a los colombianos políticamente.Acudiendo al título que encabeza esta columna hoy, pienso que olvidar no es real en las personas, pero sí se puede perdonar porque es un acto de la misericordia para alcanzar la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices; por eso debemos entrar en el lenguaje de la fe y la razón para buscar ese camino de libertad que señala el apóstol cuando dice: “No permitan que la noche los sorprenda enojados”, Ef 4,26, pero por supuesto que en algo debemos exigir a quienes negocian que entren en el mismo espíritu al dialogar y escuchemos una voz diferente a nuestros egoísmos y pretensiones y demos paso a las palabras de Jesús que ha señalado la misericordia como ideal de vida y como criterio de credibilidad de nuestra fe. “Dichosos los misericordiosos, porque encontrarán misericordia” (Mt. 5,7), es la Bienaventuranza que nos debe inspirar para poder llegar unos y otros a perdonar, nos dice el papa Francisco en su invitación al año de la Misericordia.No montarse al tren de la paz es quedarse sin la posibilidad de reconciliarnos, es estar en la guerra, decía la exsenadora. “El perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza” (MV. 10)Pensando en las muchas víctimas que ha dejado el conflicto armado a través de más de 50 años de esta guerra entre hermanos, invitaría a detenernos a reflexionar sobre el No. 15 del precioso documento del papa Francisco para iniciar el año de la Misericordia y en donde nos invita a realizar la experiencia de abrir el corazón a todas las víctimas producidas, no solo por las confrontaciones armadas sino también por las actitudes egoístas de la sociedad, de la política, de los gobiernos y de nosotros mismos y que las miramos con indiferencia o como lo decía en la entrevista Ingrid Betancourt, rechazando y odiando o silenciando. Hay que empezar por abrir ese espacio para sanar las heridas, curarlas, aliviarlas con el óleo de la consolación, vendarlas con la misericordia y curarlas con solidaridad y atención.Cuando uno de los grupos de víctimas viajó a La Habana, se les dio como presente una mano de yeso, su significado es más profundo que el objeto, es poder estrechar al otro, acercarnos para que sienta nuestra piel, nuestra amistad y surja la fraternidad. Que el grito de las víctimas se vuelva nuestro grito, pidiendo el mismo perdón para que lo sientan en su presencia y pueda llegar la reconciliación.

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