Se enfría el espíritu de compasión

Se enfría el espíritu de compasión

Junio 24, 2016 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Entendamos lo que significa la palabra compasión en sí: sufrir juntos, se manifiesta a partir de la comprensión del sufrimiento del otro y que por supuesto de allí nazca el deseo de aliviar, reducir o eliminar completamente el dolor.En el editorial de la revista ‘Sin fronteras’ del mes de mayo, encuentro una reflexión sobre esta actitud la cual hace un obispo de la India: “Asia ha sido la cuna de las principales religiones del mundo: desde el Budismo al Hinduismo (India), del Confucianismo al Taoísmo (China) y al Shintoismo (Japón), del Judaísmo al Cristianismo (Israel) y al Islam (Arabia)”; este obispo recorre las sagradas escrituras de dichas religiones: Rig Veda, Majayana, Guru Granth Shabit, Tao Te Ching, Biblia, Corán y otros, donde Dios, el Ser Supremo, aparece como alguien lleno de compasión y de misericordia. Al mismo tiempo, a los seres humanos se les pide responder a la bondad de Dios manifestándose siempre compasivos y misericordiosos con sus semejantes. De ahí que la bondad, el respeto en el trato, el altruismo, la inclinación al perdón, etc., se hayan convertido, con el paso de los siglos, en elementos esenciales de la mayor parte de las culturas asiáticas. Hasta tal punto que el Dalai Lama ha llegado a afirmar: “Mi religión es la bondad”.Las grandes figuras del mundo religioso y filosófico asiático, como Buda, Confucio, Ramakrishna y, más cercano a nosotros, Mathatma Gandhi, fueron personas que se destacaron por su gran compasión y ternura hacia los pobres, enfermos, olvidados, descartados, marginados. Por supuesto Jesucristo, también asiático por nacimiento, nos trajo la revelación más perfecta de Dios que es, ante todo, un Padre lleno de amor y de misericordia hacia todos los seres humanos, sus hijos. Para Jesús, como para los máximos exponentes de las otras grandes religiones asiáticas, la respuesta al amor incondicional de Dios es clara y rotunda: “Sed Misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36).La madre Teresa es querida y admirada en Asia por cristianos y por otras religiones porque supo manifestar en su vida el rostro de Dios que es la misericordia, que es la expresión más alta de la virtud. El mismo Dalai Lama dijo: “Nosotros creemos en la compasión, pero necesitábamos a la madre Teresa para que nos mostrara cómo vivirla”.Lo dice el papa Francisco en la invitación al Año de la Misericordia en su bula ‘El rostro de la Misericordia’, cuando nos dice que sepamos abrir el corazón y los oídos al clamor de los desheredados de este mundo, que sanemos las heridas abiertas por nuestra indiferencia ante el dolor y el sufrimiento que nosotros mismos hemos causado, así como decía la madre Teresa: “El sufrimiento en el mundo me enseña la compasión”.En las palabras dirigidas desde La Habana para el mundo y por supuesto para nosotros los colombianos, el jefe de las Farc, Timoleón Jiménez, decía que hace 52 años, esos 48 campesinos de Marquetalia iniciaron para reclamar la justicia digna, una revolución pacífica que no fue escuchada, y por eso eligieron el segundo paso: la revolución por las armas, pero ni ellos, ni el Estado lograron vencer, y ahora están firmando el comienzo del camino de la paz, como lo afirma el presidente Santos.Quienes este 23 de junio van concluyendo los diálogos para la paz en La Habana fundamentarán sobre roca dicha paz, solo cuando palpen el corazón de sus víctimas, y sean sencillos y humildes abriendo su corazón a escucharlos desde su interior, dejarán su indolencia y soberbia, para sentir compasión y surgirá el sincero deseo incondicional para iniciar el camino hacia la paz, sobre la plena verdad, que lleve a una justicia creíble y aceptable para que se repare y se dé confianza, para construir la nueva Colombia.

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