Respetar la naturaleza

Respetar la naturaleza

Abril 05, 2017 - 11:55 p.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

“Hay que tener respeto por la naturaleza esa es la clave de la supervivencia de la Humanidad y América Latina es todavía el reino de la naturaleza y es por eso una región de resistencia y de esperanza” (Friedrich Holderlin).

El Obispo de Mocoa, queriendo responder al interrogante de ¿por qué Dios nos abandonó?, que se hacían los damnificados pasados tres días de la tragedia, dijo en su homilía dominical: “Dios perdona siempre, el hombre perdona a veces, pero la naturaleza no perdona”.

La avalancha que provocó la peor catástrofe en la historia de Mocoa en sus 454 años de existencia dejó 17 barrios afectados y destruidos, más de 293 personas muertas, y un número igual de desaparecidos, más aquellos que lo perdieron todo.

Muchos de los relatos escuchados en medio del sufrimiento que viven de nuestros hermanos de Mocoa están llenos de esperanza. Muchos buscaron refugio en el pueblo, huyendo de la guerra, habían salido de lo que tenían, estaban renaciendo de una pérdida anterior y ahora su presente era aferrarse a sus fuerzas interiores y espirituales y volver a comenzar.

Pero son quienes han irrespetado la naturaleza los responsables de que hoy los habitantes de Mocoa se hagan la pregunta, a la cual su obispo respondió que no es Dios, sino la naturaleza que no perdona lo que contra ella hace la mano depredadora del mismo ser humano.

La solidaridad de Colombia se debe volcarse frente a ellos y las prioridades del país deben estar en devolverles la dignidad a todos los damnificados por encima de cualquier otra cosa.

Reconstruir lo perdido es lo prioritario en estos momentos, pero no podemos ignorar más las causas determinantes de estas catástrofes.
Simplemente pasando nuestra mirada por esta hermosa región de la cuenca Amazónica, pulmón vital del universo, encontraremos a muchos de estos responsables, y esos sí que han permanecido callados hasta ahora:

La guerrilla que por años incursionó y se asentó deforestando la selva, tanto para sus refugios, como para sus cultivos de coca y otras plantas alucinógenas que convirtieron en su hábitat normal los frentes 32, 48 y aún el 15 de las Farc. Los paramilitares que se disputan junto con autodefensas y ahora bacrim estos territorios. Por supuesto la minería de las grandes transnacionales y la ilegal y el narcotráfico, depredadores inmisericordes de la madre naturaleza.

Que lo que hoy estamos viviendo nos despierte del sueño y anestesiamiento político, social y moral en el que vivimos, para que en lugar de gastar las energías en la inmediatez de la lucha por el poder, por el gobierno, por el Estado, pensemos en grande, con magnanimidad y nos entendamos en los problemas que tocan a los más desfavorecidos, que angustian y no permiten la realización con dignidad de todos los colombianos y que unidos verdaderamente por el Bien Común, utilicemos la riqueza humana que todavía poseemos y sepamos custodiar la bella naturaleza con la cual nos enriqueció el Creador.

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