Progreso

Mayo 27, 2013 - 12:00 a.m. Por: Jorge Humberto Cadavid Pbro

Cuando en 1976, Roberto Carlos popularizó su canción que advierte el disgusto que siente al saberse parte de un esquema de vida que no respeta a los demás y destruye la naturaleza en nombre de ese progreso y eso es ser civilizado, quiere diferenciar claramente los conceptos de ‘civilización’ y de progreso, entendiendo los procesos de civilización dependientes o relacionados con el respeto, la dignidad de la vida y su armonía con el medio ambiente.La Revolución industrial del siglo XIX y los descubrimientos y avances científicos del siglo XX con la globalización del mundo y la velocidad con que llegan a la mente de las personas los conocimientos, fueron el inicio de lo que hoy en día vive y de lo cual se asombra la humanidad cuando ve a sus jóvenes adictos al Internet, viviendo la soledad afectiva de un mundo encerrado en las ondas magnéticas y que se distancia de la experiencia humano espiritual, del encuentro sensible tierno que da la persona no la máquina y se horroriza de lo raro de su comportamiento en lo sexual, en los diversos fundamentalismos en los cuales se está apuntando y está haciéndose sentir.El grito de la canción de Roberto Carlos, de indignación ante el triunfalismo creciente de la humanidad al confundir calidad de vida con bonaza de bienes materiales al alcance y facilidad de los hombres para lograr placer, gusto y emociones extremas, derivadas de una economía sin espíritu hizo que se tuviera en cuenta la propuesta ambientalista y ecológica de gran fuerza que sonaron otrora en voces como las de ‘Gunther Anders’, ‘Iván Illich’ y muchos otros, que las podemos resumir en la letra de la canción cuando dice: “Yo quisiera aplacar una fiera terrible, yo quisiera transformar tanta cosa imposible, Yo quisiera decir tantas cosas que pudieran hacerme sentir bien conmigo. Yo quisiera poder abrazar mi mayor enemigo, yo quisiera no ver tantas nubes obscuras arriba, navegar sin hallar tantas manchas de aceite en los mares…”Pienso, que un mundo fácil, sin esfuerzo, sin disciplina, sin el sentido de la vieja sabiduría, aquella que el anciano ermitaño se quejaba por tantas cosas que tenía por hacer y que la gente lo observaba en plena soledad y no entendía; cuando explicó las fieras que convivían en su interior y ese era el trabajo de dominio espiritual, ascético; observo entonces que a los muchachos y a nosotros nos falta entender que somos seres espirituales que estamos pasando por una experiencia terrenal y no quedarnos engolosinados con la riqueza material que desde el progreso industrial está disfrutando el hombre y que aumentó con los avances científicos y las herramientas que llegan hasta globalizarse con la informática moderna.Cuando Dios hizo al hombre, narra en su primer y segundo capítulo del Génesis, le entrega la creación y lo coloca a dominar sobre todo lo creado, como Señor; este es el deseo del Creador para con el hombre y por eso lo hizo a imagen y semejanza, para que cuide, haga crecer y favorezca la creación para su realización, no para su destrucción.

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